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SOLTANDO AMARRAS (Samuel)

A muchas de nosotras y nosotros nos han educado en una religión en la que hemos tenido un trato personal con un Dios que era un “tú”. Un Dios que ha crecido a nuestro lado, que ha sido niño para después ser Jesús de Nazareth, el Galileo. Su Padre ha sido muy importante en nuestras vidas, representado como anciano de barba blanca que casi siempre estaba en las alturas y que se convirtió después en Abba. También el Espíritu, que de ser una blanca paloma ha pasado a morar en nuestro interior.

Toda esta historia ha sido dirigida por una maestra, en este caso la Iglesia católica, que ha sido madre, directora, acompañante y todo lo que usted quiera añadir. Con el paso de los años su poder se ha ido deteriorando por las distintas circunstancias de sobra conocidas. Su mensaje, junto con nuestras creencias, se ha ido debilitando. Los templos se encuentran vacíos, las homilías aburren, los ritos ya no tienen esa sacralidad que anteriormente los envolvía. ¿Qué hacer? ¿A dónde ir? ¿Cómo llenar ese interior que necesita una espiritualidad nueva?

Quienes nos hemos iniciado en esta nueva espiritualidad somos como bebés que están dando sus primeros pasos. Nos acostumbramos a dialogar con Dios y él nos respondía, y lo hacía porque era un “tú”. Ahora es el Silencio quien acompaña la Presencia. No hay diálogo, incluso el verbo “estar” se transforma en Ser. Hay quietud, el pensamiento se diluye para dejar paso a la Consciencia. Muchas personas nos preguntamos: ¿Dónde estás, Dios mío? No terminamos de soltar amarras. Nos cuesta y alguna crisis personal surge en el horizonte.

La Historia se repite. A la muerte de Jesús, las primeras comunidades no terminaban de desprenderse de sus costumbres judías y los Hechos de los Apóstoles nos describen cómo se reunían junto a la sinagoga. No era fácil iniciar un camino rodeadas de múltiples religiones que la globalidad romana había ido admitiendo. El Antiguo Testamento dio paso a un Nuevo Testamento, lo que constituyó un cambio de paradigma y, por consiguiente, una crisis después de tantos años. Parece que, en este siglo XXI, nos encontramos de nuevo con un cambio de paradigma.

Samuel  (Colaborador)