Julián Peragón autor de “El árbol de la meditación” conversa con Aurelio Álvarez de “Tú Mismo”.
Esta entrevista, en nuestra opinión, va de menos a más. Relaciona al principio la situación mundial con la meditación, afirmándose en un cambio de paradigma que es, al menos, discutible de que se esté produciendo en estos momentos. Pero a partir del minuto 40 hace una síntesis de la práctica de la meditación que merece ser releída varias veces y que además alumbra mucho de los contenidos anteriores.
Destacamos:
Camino de la semilla al fruto recordando el tiempo de siembra y el tiempo de labor ardua antes de la cosecha.
Meditar es una paradoja en sí misma; Julian propone meditar sin meditar, empujar sin resistencias, ser sin desear llegar a ser.
Está bien empezar con el tema de las guerras y conflictos. Aporta una visión optimista al plantear que el viejo paradigma está haciendo aguas. El nuevo, que muchos millones de personas queremos, más igualitario, con distribución de los recursos, con respeto a la naturaleza, sin dogmas… todavía no ha cogido fuerza. Y estamos en esa crisis donde los poderes fácticos no quieren ceder el poder.
Tanto la vida como el cuerpo son sagrados. Respeto profundo por la existencia y la Naturaleza. Al considerar la vida como sagrada dejamos de dañar al otro.
La violencia está basada en un patrón de miedo al otro, al diferente. Y esta es la gran asignatura de la globalización, convertir la amenaza en enriquecimiento.
Un gran problema de Occidente es el orgullo y la vanidad. Colocarse en posición de semilla, en la mente de principiante, el “sólo sé que no sé nada” de Sócrates. Esa semilla tiene un potencial y para que vaya cogiendo fuerza necesita un propósito de vida.
¿Cómo sabemos cuál es nuestro propósito? Nos podemos enfocar en los dones que la vida nos ha dado y considerar que ejercitándolos podemos ser de ayuda a los demás. Y ahí se cierra el círculo (la vida nos da y le damos), la vida nos está dando una dirección.
Utilizaremos el símbolo del árbol. Ver qué es lo que nos puede enseñar (enraizamiento, elevación, generosidad …). La copa de un árbol mira hacia arriba sin perder contacto con la tierra.
Pasamos de la semilla a las raíces que van surgiendo según vamos superando la ignorancia y dándonos cuenta de la impermanencia, del dolor asociado a la vida, del egocentrismo que nos hace olvidarnos del otro y de la unidad.
Lo valiente de la meditación es observar la sombra sin asustarse, reconocer que es algo que habita en nosotros, lo aceptamos y desde ahí podemos convertir la sombra en luz.
El tronco es el sendero de la práctica. Requiere inspiración y transpiración, es decir requiere trabajo, continuidad… al igual que un músico necesita estudiar una y otra vez una pieza. Exige también entusiasmo para amar la práctica y “regarla” continuamente.
Vamos a las ramas. Conectar con nuestra intención más noble, subir la escalera peldaño a peldaño. Apertura a la interioridad para convertirlo en una fuente de conocimiento.
Los frutos son los regalos, que no son para uno mismo sino para que la vida continúe. El árbol no da los frutos para sí mismo.
Vivir la meditación como una ofrenda que además nos hace conscientes de que no somos nosotros los que la damos, sino que lo hace la vida a través nuestro.
No dejemos que la meditación se convierta en un árbol solitario, el árbol es el bosque. Como privilegiados a los que nos ha llegado un conocimiento, tenemos que labrar el terreno para los que están a nuestro alrededor.
La meditación es balanza, laberinto y ratonera.
Balanza porque nos ayuda a equilibrar entre las fuerzas que empujan en el día a día viendo si nuestra vida está teniendo equilibrio, armonía, plenitud.
Laberinto porque es más compleja de lo que parece. El mundo es la expresión de nuestra mente, ver cómo llegar al centro, vivir las circunstancias sin perdernos y considerar que estas no son buenas ni malas.
Ratonera ya que está diseñada para ser incómoda porque nos enfrenta a nuestros límites, angustias, insatisfacciones … Cuando soltamos el ruido nos damos cuenta de que no somos el “yo narrativo” sino el ser, y esto es doloroso para el ego.
Peldaños de la meditación:
1 – Primero inmovilidad.
2 – Conectar con el cuerpo y disolver los puntos de tensión.
3 – Fluir con la respiración sin forzarla, sólo escuchándola.
4 – Observar tu paisaje interior de luz y sombra.
5 – Reconocer cómo está nuestra mente observándola, pero sin involucrarnos.
6 – Acceder al observador que conecta con la esencia.
7 – Conciencia de la existencia como un todo unificado.
La meditación no busca experiencias. Las experiencias son objetivos del ego para pensar que está en otro nivel, que es alguien especial.
Buscamos lo que sostiene la experiencia, que es el propio ser, que es un estado de plenitud, de presencia, conexión.
El buscador es lo buscado.
Adjuntamos esquema de la conferencia para su seguimiento:

