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Raquel Ferrández – La Soledad

Charla de Raquel Ferrández en el curso Desafectos Contemporáneos UNED / Círculo de Bellas Artes, el 21 jul 2026.

Raquel Ferrández es profesora de filosofía y practicante de yoga. Imparte clases en la UNED además de tener su propio canal en Youtube. Especializada en filosofía india y en otras culturas fuera de las europeas y americanas, en un intento de “descolonizar” la invasión del pensamiento occidental.

Destacamos:

Cuando pensamos en soledad, así de primeras, la definimos como ausencia, silencio. Lo relacionamos habitualmente con la carencia. Pero esa soledad es vista en su sentido “débil”. En su cara “fuerte” Raquel define a la soledad como el lugar de los encuentros, de las voces, de los diálogos, de las posibilidades. En la soledad somos hablados.

Las primeras técnicas para interactuar con la soledad en nuestra cultura nos las pueden dar filósofos cómo Platón, los estoicos y los primeros cristianos eremitas. Su idea básica es autovigilarnos, disciplinar y filtrar las voces que podemos considerar no convenientes.

Pero eso a su vez limita el campo de exploración de esas posibilidades que se nos abren. Puede ser funcional, pero el campo profundo de la soledad no lo estamos transitando. Se limita en este caso a una soledad pasiva que nos mantiene en el lenguaje.

La soledad es un campo de entrenamiento. Es un espacio donde emerge un espacio de posibilidades. En soledad somos todo oídos, a menos que intentemos aplacar esas voces con distracciones que vienen de fuera.

En una soledad activa, este espacio de posibilidades se busca sin intentar protección y no rehuyendo el campo de batalla.

Los que van más directamente “a por los demonios” son los ascetas indios. El budismo se propone llegar a un lugar donde lo que se propicia ya no son encuentros verbales, aunque posteriormente sean pensados y sentidos.

Todo lo que en soledad habla en ti quiere llevarte a tu yo, pero no lo puede hacer por medio del lenguaje. Lo que te habla no es tu enemigo. Llegar a lugares donde no hay lenguaje y donde se cultivan sensaciones. Lugares que te sanan y lo que allí recoges no queda sólo en ti sino que te permitirá llevarlo a la comunidad (compasión, bondad…).

Sentir la soledad como un problema o una oportunidad depende de :

  • nuestra subjetividad
  • la forma de relacionarnos, la comprensión de la vida y de la muerte
  • si consideramos que estamos en un mundo vivo o en un mundo muerto
  • la relación que tenemos con lo que nos rodea.

Entre personas más relacionadas con el entorno natural, indígenas… se respeta “al hermano río” al considerarlo como algo vivo. No sienten la parte carencial de la soledad al no encontrarse aislados, ya que están rodeados siempre de vida. Abren los ojos y ven sujetos, un árbol, una montaña…

En nuestra cultura vemos objetos. La modernidad nos ha traído esa separación sujeto-objeto. Hemos considerado un ente llamado naturaleza separado, al que podemos idealizar, controlar, ya que es un objeto. Abrimos los ojos y sólo nos aparecen objetos, vemos un mundo muerto.

Las personas estamos escindidas. No hablamos, ni nos habla un entorno vivo. No se nos enseña a estar solas. Y ahí comienza a ser la soledad algo temible.

Quizás la forma de ver ese entorno vivo de quien se encuentra inserto en la Naturaleza nos sea difícil, pero podemos ir creando unas redes a nuestro alrededor, en nuestras comunidades más cercanas, barrios, grupos…

Al contribuir, desarrollamos nuestras capacidades humanas.

En inglés existen dos palabras que son dos rostros de la soledad:

  • Solitude, como soledad buscada y que nos aporta.
  • Loneliness, sentimiento doloroso de sentirse sólo y desconectado incluso rodeado de gente.

El yo atomizado no se comunica con el mundo, incluso llegando al “Yo soy si tú no eres”, que da lugar a la competitividad.

María Zambrano →  “Escribir es defender la soledad en la que se está”. Pero la soledad de Zambrano era muy especial, en su exilio se comunicaba incluso con la yerba.

Alguien que no puede construir puentes genera un humor muy ácido que puede llegar a ser tóxico. Un ejemplo puede ser la soledad de Schopenhauer.

No ver la soledad como una herramienta, sino como un estado que podemos cultivar. Aprender a habitarla, ya que además de lo que nos aporta nos llegarán situaciones en las que no podamos evitarla.

La soledad, en algunos ambientes, genera vergüenza y en muchos casos no se reconoce que la sufrimos. Incluso se estigmatiza si vemos a alguien cenar, viajar… solo o sola, pensamos que está sufriendo o no disfrutando como lo podría hacer en compañía.

La compasión conecta, religa, calma toxicidades divisorias. Es importante no empezar a conocernos desde el autojuicio que nos paraliza.

Cuidado, porque al igual que con todo, la soledad se está volviendo espacio de consumo. Y hay técnicas que lo que hacen es reforzar nuestra individualidad y la positividad ante todo, y ése no parece ser el mejor camino.

Idea central:

La soledad no es, por naturaleza, un vacío ni una carencia. Es un espacio privilegiado de encuentro con uno mismo, con una misma, donde pueden surgir tanto el sufrimiento como la transformación. La diferencia depende de cómo aprendamos a habitar ese espacio. Las grandes tradiciones filosóficas y espirituales muestran que la verdadera soledad no conduce al aislamiento, sino a una presencia más profunda, capaz de fortalecer la comunidad, la compasión y el sentido de pertenencia al mundo.

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