Conferencia pronunciada en las XI Jornadas de Psicología Transpersonal y Espiritualidad del 20 y 21 de febrero de 2026 en la Facultad de Educación de la Universidad de Zaragoza.
“Iba en bicicleta y llego a un lugar donde había varios caminos. Dudando cuál elegir, apareció un campesino al que pregunto: ¿Dónde está la autopista? El hombre se me queda mirando y dice: ¿La autopista con una bicicleta? ¿Por qué no vas por los caminos secundarios? ¿Por qué no vas viendo los paisajes despacio?”
DESTACAMOS:
Javier Castillo Colomer nos cuenta cómo se fue perfilando a sí mismo en su ejercicio de la psicología. Tuvo una primera formación lacaniana (Jack Lacan) pero posteriormente fue tratando otras escuelas. Estas sucesivas etapas le han llevado a poder combinar conocimientos de todas ellas para su trabajo en clínica.
Ha escrito varios libros, el último de ellos “Fundamentos en la psicoterapia integrativa moderna”.
Hace décadas formó parte de un pequeño grupo de interesados por el estudio de la conciencia y de los estados no ordinarios. Empezaron a organizar congresos muy ricos donde había diversidad, era posible el diálogo, hablar desde el corazón, pero sin obviar que era necesario que lo que se transmitía tuviese sustancia.
Hace ya 35 años que participó por última vez en un congreso de psicología transpersonal. Eso no quiere decir que no siga dando mucho crédito a la gente que se dice transpersonal y que está realizando un trabajo de investigación muy serio.
Hubo una época en que empezó a fascinarse por lo que podían ser las denominadas otras realidades, estados no ordinarios de conciencia. Fascinado total y absolutamente por la obra de Carlos Castaneda, al que tuvo la suerte de conocer.
Empezó a viajar de forma un tanto ansiosa, conviviendo con diferentes comunidades, principalmente en la Amazonía. Y se volcó en el consumo de hongos tipo silocibínico y otras plantas y sustancias allí utilizadas. Fueron momentos de experiencia brutal, de buscar y buscar. Eso abrió muchas cosas en él. Aunque no abandonó durante todo este tiempo el trabajo en consulta.
Debido principalmente al siguiente sueño dio un giro en su enfoque:
“Iba en bicicleta y llego a un lugar donde había varios caminos. Dudando cual elegir apareció un campesino al que pregunto ¿dónde está la autopista?» El hombre se me queda mirando, dice, «La autopista con una bicicleta ¿Por qué no vas por los caminos secundarios? ¿Por qué no vas viendo los paisajes despacio?”
Le pareció tan coherente esa respuesta que empezó a trabajar con su sueño. Se dio cuenta de que iba por la vida como el que quiere ir por una autopista teniendo todo tipo de experiencias, consumiendo sustancias psicoactivas. Y que su camino era otro, la clínica pura y dura, la psicoterapia, pero con una dimensión espiritual, existencial.
Desde entonces su recorrido ha ido por otros derroteros. Formación psicoanalítica en Zurich, en el Instituto Bon Franz, que son los estudios junguianos más ortodoxos que hay.
Para Carl Jung en el viaje psicológico para integrar el inconsciente y alcanzar la totalidad del ser. Y uno de los caminos para acercarnos a ese inconsciente son los sueños. Este inconsciente o subconsciente lo podemos equiparar con la sombra.
La sombra es un término que se ha vulgarizado y que lo utiliza mucha gente. Podemos decir que la sombra es esa parte de la psique humana que representaría aquellos elementos que desechamos como negativos, impropios de nuestra ética o moral, que inclusive podemos sentir como peligrosos. También puede tener que ver con aspectos no desarrollados en nuestra propia personalidad.
Cuando integramos la sombra, ensanchamos nuestra forma de estar en la vida rompiendo perspectivas unidireccionales y además alimenta nuestra creatividad.
Reconocer la sombra no significa dar rienda suelta a todos nuestros impulsos ni llevarlos a la práctica. La cuestión es reconocerlos, aceptarlos como parte de nuestra realidad psíquica y trabajar simbólicamente con ellos.
¿Qué nos dicen los sueños de la sombra y del subconsciente?
Selecciona tres sueños de dos pacientes que se lo han permitido y uno suyo.
El primer sueño es de una embarazada, viene a consulta porque sueña que aparece enfrente de una casa con un cartel que pone hijo de Satanás.
El segundo sueño es sobre una mujer con duda sobre su vocación de entrar en un convento, sueña que el demonio le persigue y se despierta con una angustia terrible.
Y el tercero, su sueño, donde aparece el demonio y tiene un enfrentamiento frontal, hasta que se da cuenta de que el diablo lo que quería era jugar con sus hijos.
Satanás parece un personaje muy interesante para trabajar la sombra. En todos los casos utiliza la técnica de amplificar y simbolizar el elemento principal del sueño, en estos tres casos el diablo.
En el primero, tras comprobar que la mujer no tiene problema alguno con el que será el padre de su hijo y que lo considera una buena persona, se centra en la psicología de la mujer consultante. Es alguien con mucho miedo al caos, con rasgos obsesivos muy importantes. con una educación muy religiosa: lo que es bueno, lo que es malo. Teniendo en cuenta que además de eso no tiene problemas de personalidad y que es capaz de ir elaborando ideas, se centra en el significado simbólico de Satanás ya que considera que es algo que puede enriquecer profundamente a esta mujer.
Relaciona a Satanás con con tres figuras, Dionisos, Pan y Hécate, y esa figura demoníaca va perdiendo su fuerza y negatividad. Las religiones monoteístas, concretamente el cristianismo, convirtió a Dionisos en un demonio. Hasta entonces Dionisos era un dios de la iniciación y en las religiones politeístas aunaba sensualidad y espiritualidad: esa disociación entre lo bueno y lo malo, lo blanco y lo negro, el bien y el mal, el caos y el orden, la oscuridad y la claridad.
Pan es el Dios de Naturaleza salvaje y de la fertilidad. Y Hécate la bruja, relacionada con la magia, la luna.
Estas tres figuras enriquecieron profundamente la psique de su consultante. Cuando uno empieza a ver que toda esa oscuridad trae riqueza, cuando puede amplificar, va perdiendo peso la negatividad del temido protagonista.
El sueño de la persona que tenía vocación, pero muchas dudas. Tiene en sueño que el demonio le persigue.
En esta persona la culpa jugaba un papel esencial. Si en su vida cotidiana disfrutaba de los placeres de una tarta de chocolate, un café, tenía relaciones sexuales con su pareja, todo eso le producía culpabilidad. Probablemente era una llamada de su inconsciente para hacerle ver que la vocación no la tenía tan clara. Finalmente decidió entrar en un convento de clausura y no le fue bien. Tuvo que regresar y darse cuenta de que su camino era integrar la religiosidad en su vida cotidiana, donde no era incompatible con el placer, con el disfrute, con un sentido de lo corporal, de lo material.
Con respecto a su propio sueño, el tercero, habla menos, tan sólo indica que con sus hijos se podía referir a su futuro, los proyectos a desarrollar donde el diablo pide estar presente y jugar.
Una persona que tiene una cierta idea que en principio no aprueba acerca de algo, en vez de reprimirla y apartarla, si es capaz de cocerla, que el cuerpo sea como un alambique, y que eso dé pie a imágenes que surjan espontáneamente. En ese caso la estará integrando, añadiendo a lo que ya es y creando algo nuevo en ese proceso.
Cuando estás trabajando ciertos complejos específicos de una persona, estás trabajando para que sean integrados. El término superación da mal rollo, es muy propia de nuestra propia cultura heroica de superar y el pensamiento positivo.
El último enfoque va dirigido a la integración de la muerte en nuestra vida.
Y para finalizar, una frase de la discípula de Carl Gustav Jung, Marie-Louise Von Franz, a un teólogo:
«La diferencia entre usted y yo es que usted piensa que Dios ha dicho su última palabra. Yo le tengo que preguntar todos los días a Dios qué quiere de mí, porque no lo sé.»
LEER ESQUEMA FACILITADO POR IA

