Conversación entre África Baeta y Patxi Álvarez, en el podcast de Alboan AContracorriente, donde hablan de la esperanza.
Patxi es jesuita, sociólogo y teólogo, con una trayectoria dedicada a la justicia social, las migraciones, la ecología y al acompañamiento de personas y comunidades en situación de máxima vulnerabilidad. Ha escrito varios libros y hoy profundizaremos en el de “Espiritualidad de la Esperanza”.
DESTACAMOS
¿Dónde podemos encontrar esperanza cuando el mundo parece empeñado en demostrarnos todo lo contrario?
En el interior de muchas víctimas pervive la esperanza y acercándose a ellas se descubre. Las víctimas trabajan por otro horizonte, por algo distinto y se comprometen por ello. Nos anuncian la posibilidad de otro mundo distinto, muy diferente del de los magnates, megalómanos, narcisistas y tecnólogos.
Es importante distinguir entre optimismo barato y la esperanza hecha por quien se implica en la vida y que sólo desde allí construye.
Hablas de la creatividad de las víctimas y pones varios ejemplos.
Detrás de asociaciones de ayuda casi siempre hay alguna víctima o su entorno que tiene una capacidad de creación y de apuesta que no tenemos el resto de las personas.
Se puede convertir la herida en fuente de vida. No todas las víctimas son capaces de hacer este recorrido, pero algunas lo hacen y son como luminarias.
El servicio nos sitúa en una posición de asimetría. Yo tengo algo y te lo ofrezco. La amistad nos cambia ese registro y nos sitúa a la misma altura humana, nos pone de tú a tú, y ese elemento es clave para poder tocar el corazón de la otra persona y el nuestro.
Recuerdo en Camboya un hombre al que le faltaban los dos brazos por una mina, pero consiguió escribir. En la escuela para discapacitados la primera lección que daba no era con la palabra, se ponía a escribir sobre la pizarra e inmediatamente lanzaba el mensaje: si yo he podido, vosotros también podréis.
En las sociedades donde hay más dolor y sufrimiento vemos más unidad, más comunidad, más fuerza para enfrentar la lucha. Las víctimas son capaces de hacerse cargo de la situación de otras personas que están como ellas porque han experimentado el dolor y la dificultad, y eso les facilita sintonizar.
Además, tienen algo que a las demás personas nos resulta mucho más difícil, que es que no sienten conmiseración por quien se encuentra mal. Le dicen: ánimo y adelante.
Vivimos una sociedad tremendamente indiferente. ¿Dónde queda ahí la esperanza?
Cada vez somos más individualistas y nos cuesta observar el sufrimiento ajeno, estamos perdiendo empatía. Pero al mismo tiempo creo que tenemos una capacidad muy grande de cercanía, de amistad, de solidaridad, que nos toca desarrollar. He vivido un cáncer y me ha sorprendido enormemente la cercanía de las personas que están enfermas.
¿Qué cualidades nos podrían enseñar esas personas que a pesar de estar en situaciones extremas tienen esperanza?
En primer lugar, su resistencia, el valor de la vida. En los lugares más difíciles te encuentras con alegría, con celebración, con capacidad de empatizar con los demás, con acogida.
Y en el lado contrario, en esta sociedad en la que tenemos todo pero donde hay tanta ansiedad, depresión, suicidio ¿Qué pasa? ¿Entendemos mal la vida?
No me atrevería a decir que entendemos mal la vida, pero sí es cierto que acercándonos a esos lugares uno descubre otro significado y la fuerza de la vida en su realidad más cruda. Es un misterio.
Supongo que tiene que ver con que nosotros vivimos en una sociedad muy materialista. La alegría no depende de las cosas, ni de las seguridades que aquí tenemos. Hay personas que viven sin muchas cosas y sin grandes seguridades y, sin embargo, son capaces de disfrutar de la vida.
Esperanza y reconciliación
Es difícil reconciliarse con las heridas que te han causado, sea un robo, un asesinato, una traición, una calumnia, una exclusión. Lo primero que nos generan es rabia y una voluntad de reivindicación, de venganza.
Pero hay personas que salen de ahí. Es un proceso difícil de describir y que no es exigible. Resultan profundamente conmovedores. Han salido del resentimiento, han renunciado a la venganza y finalmente desean el bien a aquellas personas que pudieron causarles daño. Es un acto de amor en mayúsculas, quito a mi ego y trato de entender por qué lo hiciste.
Desde una comprensión que va mucho más allá de la mente no justifican, pero aceptan a la persona. Va más allá del voluntarismo.
Cuando alguien perdona, alrededor van cambiando muchas cosas, y eso es un enorme don para una sociedad.
¿Pueden realmente las víctimas transformar el mundo?
Hay que mirar a la historia. ¿Era posible el sufragio universal, la creación de los estados de bienestar, la universalidad de la salud y la educación, la revolución feminista, la protección de la naturaleza? Son aspectos que no eran esperables. Las víctimas son genuinamente revolucionarias.
Estamos viviendo en un momento de aporofobia, odio al pobre.
El ser humano tiene tendencia a excluir al distinto, por miedo principalmente. Las personas necesitadas nos obligan a hacer algo, a cambiar.
El mundo se ve mejor desde abajo que desde arriba, pero tendemos a mirarlo desde arriba. Si te atreves a decir yo podría ser tú y al revés, se transformaría el mundo.
¿Qué hacer cuando no tenemos esperanza?
Acércate a otra víctima. Estáte en silencio junto a otra persona. Acompáñala.
¿Puede una persona hablar realmente de esperanza si nunca ha experimentado el sufrimiento de una víctima?
Es difícil; el sufrimiento da una sabiduría que no la da otras cosas. Pero los seres humanos somos capaces de muchas cosas, tal vez sea posible.
¿Qué hacemos cuando esperamos y a pesar de lo que hagamos las cosas no cambian?
Somos muy pequeñitos en lo temporal y en lo personal. Hay cosas que en nuestra breve vida humana no van a cambiar. Vamos construyendo sociedad para las futuras generaciones.
Vivir en comunidad, comunidades de esperanza que nos da otro sentido. Caminar las personas juntas, unas más adelante, otras más atrás, anunciando unas a otras: venga, ánimo, adelante.
Tal vez la esperanza no consista en esperar a que desaparezcan todos los problemas para empezar a vivir, sino en aprender a caminar dentro de una realidad sin que ésta tenga la última palabra. Dejarnos enseñar por quienes, a pesar de haber perdido mucho, son capaces de confiar, de cuidar, de organizarse y de imaginar otro futuro.
Quizá la esperanza auténtica no sea cerrar los ojos ante la realidad, sino mirarla de frente y decir: Esto no tiene por qué terminar así. La pregunta que podamos llevarnos es muy sencilla: ¿Dónde están las personas que me pueden enseñar a tener esperanza?

