Charla de Concha León Portilla en el Portal del Adulto Mayor acerca de ser “vieja”. Rescata ese término del libro escrito por Anna Freixas titulado “Yo vieja”.
“La curiosidad es una declaración de amor a la vida. Le decimos que todavía tiene mucho que mostrarme y que yo tengo muchas ganas de descubrirlo.”
DESTACAMOS:
Libres, entusiastas y reales sin intentar maquillar le edad. Ana habla en su libro sobre la moda del envejecimiento activo, del biohacking, con unas exigencias que a lo mejor no es lo que más nos interesa. Queremos elegir cómo envejecer. Defiende no desterrar la palabra viejo. Nuestra meta no es comportarnos como jóvenes. Olvidarnos de frases como qué joven te veo, tengo el corazón o el espíritu joven…
Hay una gran mercadotecnia en relación con la edad, ya que con el envejecimiento de nuestras sociedades se está convirtiendo en un negocio.
Podemos utilizar un motor para mejorar nuestro envejecimiento y conseguir una vida alegre, divertida, interesada, valiosa, profunda, plena, contagiosa con una actitud que nos arrope y contenga. Ese motor es la curiosidad.
La palabra curiosidad tiene una raíz del latín curiositas, que significa interés en saber. No tiene nada que ver con el curioso “metiche” ni con el dicho de la curiosidad mató al gato.
Ser curiosa no es sólo querer saber más; es mirar con atención, observar, estar presente, hacer preguntar cuidadosas. Es dedicar tiempo a comprender, no quedarnos con la primera cosa que escuchamos. Hay que ser curiosas con nuestras creencias para saber por qué las tenemos y ser capaces de cuestionarlas, revisar nuestras certezas y descubrir que hay muchas formas de vivir la vida.
Envejecer no significa dejar de aprender y de hacernos preguntas. Asomarnos a las vidas de otras personas en un sentido que nos desplieguen un mundo más abierto. Los libros, el cine, el teatro nos trasladan a situaciones y personajes, vemos sus reacciones, su sentir y su actuar. Podemos entender otras culturas, otros climas, otras épocas. Ser curioso ayuda a entender el mundo cambiante en el que estamos viviendo. Podemos reaccionar ante los cambios con el rechazo o pensando no lo entiendo todavía, pero voy a buscar.
Curiosidad sobre nuestra misma persona, observar lo que hemos vivido y cómo lo hicimos, nuestras creencias, emociones, duelos, reacciones. Todo ello nos ayudará a enfocar nuestro presente.
Preguntar sobre lo que necesito para estar mejor, qué me gustaría hacer. Ser curiosos con esa persona con la que vamos a estar hasta el final y a la que en ocasiones hemos exigido demasiado, culpado o rechazado.
Preguntarnos ¿Hace cuánto que no hago algo por primera vez o de forma diferente? Aprender cosas nuevas crea nuevas conexiones neuronales. Escuchar las opiniones de los demás que nos pueden abrir nuevas perspectivas. El peligro de pensar que ya lo sabemos todos es tremendo. Sócrates decía “solo sé que no sé nada” y, sin embargo, no paraba de aprender.
Comprender la complejidad y la diversidad humana, que se puede ejercitar conversando con otras personas; a su vez conseguimos salir de nosotras mismas. Todos tenemos algo que aprender y algo que enseñar. Dialogar con alguien que piense diferente sobre una creencia que tengamos muy arraigada.
Interesarnos por cómo está nuestra familia y entorno, pero sin intentar corregir ni dar consejos cuando no nos los solicitan. Preguntar, pero sin que parezca un interrogatorio, ni sea de forma indiscreta. No es lo mismo querer a alguien que conocerlo. Lo mejor en muchos casos es acompañar y escuchar. Tender puentes. Si alguien está pasando por un mal momento ver cómo le podemos ayudar y acompañar, pero sin invadir su espacio.
Con los niños y jóvenes podemos descubrir otras realidades, observar cómo juega un niño.
Hablar con preguntas abiertas, sin interrumpir, sin que sean un pretexto para enseñar. Las enseñanzas son como la hora: sólo las das cuando te las piden.
Curiosidad frente a la enfermedad. Al recibir un diagnóstico se transforma nuestra vida, sentimos que hemos perdido el control y es natural que aparezca el miedo. Pero podemos recuperar nuestra capacidad de participar en nuestra propia salud preguntando y buscando información válida. Formar parte de un grupo de apoyo de personas con problemática similar, con las que podamos compartir sentimientos, consejos, hablar de nuestros miedos, ser comprendidos. Pedir una segunda opinión; información es poder.
¿Qué puedo hacer con esto que me está pasando? Gestión de emociones en un duelo, cómo voy a poder seguir tras lo ocurrido.
Diferencia entre resignación, aceptación y curiosidad.
Resignación: nos pasa algo y decimos no puedo hacer nada al respecto, me resigno y dejo que los demás tomen decisiones por mí.
Aceptación: reconozco lo que es y trato de no extrañar ese mundo que tuve antes de la situación actual. Está bien, es ya un buen paso.
Curiosidad: empezar a buscar alternativas; con esto que tengo ahora ¿qué es posible? ¿qué actividades puedo realizar para poder seguir integrada al mundo? No borra lo perdido, pero ayuda a descubrir lo que todavía tenemos. Hay muchos no sé, pero esas respuestas pueden estar en nosotros cuando empezamos a buscar el cómo.
Aprender a vivir esa vida que no teníamos planeada. Curiosidad ante nuestras emociones, olvidarnos de eso tan manido de no llores, no te sientas así. Borremos el no te enojes, tienes que ser fuerte. Todo ello es pelear contra lo que la persona siente. Es tapar el miedo que en algún momento saldrá disparado. Lo que no decimos no muere, nos mata.
Sentir las emociones, ver cómo evolucionan, cómo las estamos viviendo. Entrar en nosotras y tratarnos muy bien. La curiosidad sobre nosotras mismas nos abre una perspectiva distinta sobre la vida.
Prácticas:
1 – Hacerse una pregunta todos los días; lo importante es acostumbrarnos a investigar.
2 – Cambiar algo en nuestra rutina.
3 – Conversar con personas de otras generaciones.
4 – Aprender algo nuevo con mucha paciencia.
5 – Leer y escuchar ideas diferentes, ir a una película rara, ampliar las referencias.
6 – Hacer preguntas abiertas, conversaciones más ricas.
7 – Permitir que alguien nos enseñe algo, no pensar que ya lo sabemos todo.
8 – Llevar un cuaderno de descubrimientos, hacer que los días no parezcan iguales.
9 – Descubrir los juegos, nos divierten, nos pueden relacionar con los demás.
10 – Darnos permiso para cambiar; esto que me encantaba ya no me interesa, descubrí algo nuevo que me fascina.
El mundo nos puede ofrecer muchas novedades. La vida tiene siempre preguntas para nosotras. No dejar de sorprendernos. Entender que nos faltan un sinfín de cosas por conocer.
La curiosidad es una declaración de amor a la vida. Le decimos que todavía tiene mucho que mostrarme y que yo tengo muchas ganas de descubrirlo.
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