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Enrique Martínez Lozano – Cómo armar con acierto nuestro puzle interior

Entrevista de Aurelio, del canal Tu Mismo, a Enrique Martínez Lozano en relación con su último libro Armar con acierto nuestro puzle interno, que nos ayuda a entender el funcionamiento de la mente para liberarnos del sufrimiento inútil, acoger nuestras heridas y reconocer la conciencia inalterable que somos.

Somos puzles construyéndose.  Algunos muy armados y otros en las primeras piezas.

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¿Qué te llevó a elegir esta metáfora del puzle interno para describir nuestro entramado tanto psíquico cómo espiritual?

Al ser humano lo veo como un puzle muy complejo y delicado, porque somos muy vulnerables y cualquier cosa hace que se desencaje. Pero sobre todo un puzle armonioso; a poquito que se favorezca la integración, se recompone. Con un dinamismo interno que, si no interferimos mucho en su contra  va a terminar armándose bien.

Esta imagen me ha acompañado siempre y encaja perfectamente con lo que es la visión sistémica dentro del campo de la psicopedagogía. Un sistema es un conjunto de elementos que cooperan para lograr un objetivo común. Nuestro mundo interno es también un sistema porque esas piezas de todo tipo, somáticas, físicas, psíquicas, mentales, espirituales que nos componen, están queriendo armarse de forma armoniosa.

¿El trabajo psicológico por sí solo no basta si no se abre a la dimensión de la conciencia?

No sólo no pueden separarse, en mi experiencia; tampoco son ni siquiera dos realidades solapadas o sumadas, sino que están completamente unidas.

Lo que somos, lo que constituye nuestra identidad profunda, está desplegado en una forma, un personaje, que es lo que llamamos nuestra dimensión psicológica.

La identidad es lo que somos en profundidad y que compartimos con todos los seres humanos. La personalidad es la forma particular en la que esa realidad se manifiesta en cada cual.

Se pasa de una visión reductora del ser humano a abrir un horizonte inédito e ilimitado. Y sin creencias; yo no tengo que asumir que no soy mente porque lo escucho a alguien, sino que es algo que cada persona puede experimentar por sí misma.

Uno de los regalos más grandes que recibí en mi existencia fue la experiencia de que en mí había otro lugar capaz de observar la mente. En psicología transpersonal a este lugar se llama testigo y conecta asimismo con la sabiduría hindú.

El ser humano deja de ser sólo un cuerpo, una mente y un psiquismo. Somos no algo que podamos observar, sino eso que observa y que a su vez no puede ser observado.

La mente se convierte en una herramienta muy valiosa y eficaz, pero no es nuestra identidad. La mente es una servidora, no la dueña de casa. Y esto supone una libertad interior increíble.

¿Cómo podemos acoger a la mente, entenderla, sin dejar que sea la dueña tiránica de nuestra casa?

La mente la podemos dividir en funcional y rumiante. La primera es muy útil, con la otra hay que lidiar. Con la definición del ser humano como animal racional hemos hecho de la mente nuestra identidad.

Cuando puedo tomar distancia de la mente y observarla, la sigo reconociendo, valorando como una herramienta útil, eficaz y valiosa, pero cesa la identificación con ella.

¿Cuál es la creencia errónea más habitual que convierte el dolor en sufrimiento?

El dolor es inevitable; el sufrimiento es opcional porque nace de la mente.

La creencia es la que me reduce a un yo separado, así es como la mente me ve. Separado también de la vida y de la consciencia. La mente sólo define algo que es un objeto y, si no, lo objetiva. Pero mi realidad no es objeto y por tanto se le escapa. El error está en que se olvide esa otra dimensión que llamamos testigo.

¿Qué cambia nuestra vida cotidiana cuando dejamos de buscar la plenitud y reconocemos que en el fondo ya lo somos?

Pasamos de ser seguidores o buscadores para convertirnos en reconocedores.

Todos empezamos buscando, porque nos percibimos como carencia. Con frecuencia buscamos creyendo que lo que necesitamos está fuera de nosotros, lejos o en el futuro. Esto nos lleva a una dinámica ansiosa. Lo que realmente necesitamos no es algo que tengamos que alcanzar, es algo que tenemos que reconocer.

Esto no significa negar la vulnerabilidad, la limitación y la carencia del personaje, sino abrazarlo desde la comprensión de que soy plenitud.

La sensación de carencia lleva a la separabilidad. Al darme cuenta de que ya soy aquello que estaba buscando, llega la consciencia de unidad. La identidad siempre trasciende, es transpersonal.

¿Cómo podemos anclarnos en ese lugar seguro en medio de una pérdida o una tormenta emocional?

Primeramente es necesario cuidar nuestro personaje, que se siente muy vulnerable y frágil. Acogerlo, abrazarlo y vivir todo el proceso de duelo que esa pérdida conlleve.

Pero si hemos tenido experiencia y podemos abrirnos a la realidad de ese lugar seguro que es nuestra identidad, podremos percibir que quien está desgarrado sólo es el yo en el que ahora nuestra identidad se está desplegando.

¿Cómo podemos recuperar la vitalidad, la alegría, la creatividad que quedaron olvidadas en la infancia?

Podemos considerar al niño o a la niña original como un puzle bien armado. Cuando voy viviendo, teniendo historias de dolor y sufrimiento, se va formando el niño o la niña herida.  Al poder acogerlo y atender sus heridas o cuestiones pendientes lo voy recomponiendo, sanando y aflora el niño o la niña original que es lo que soy.

Aprender a morir antes de morir. ¿Qué es exactamente lo que muere y lo que permanece intacto con ese proceso de comprensión?

Lo único que muere es una creencia equivocada que me hacía identificarme con este cuerpo. Mientras vivo en esa creencia tengo miedo, porque esto con lo que yo estoy identificado un día va a morir. Si he comprendido que no soy mi cuerpo, mi mente, mi psiquismo, ya he muerto antes de morir.

A veces vemos el yo como el enemigo a erradicar para que la conciencia viva. Lo que vivo hacia el yo es gratitud, pero no identificación. Le agradezco todo su servicio, pero le hago saber que yo no soy él.

Confiar en que mi puzle interior está dotado de un dinamismo armonioso que empuja a las piezas a armarse bien a poquito que yo colabore. Cualquier pieza que se vaya colocando en su lugar va a repercutir en mi existencia cotidiana.

En ti hay siempre algo que sabe, una voz interna de la que todo ser humano está dotado, en realidad nuestro principal maestro.

Finalizamos hablando del próximo proyecto de Enrique. Un libro que toca un tema muy espinoso, el libre albedrío.

Es el libro que más tiempo me ha llevado. Desde mi punto de vista tengo claro lo que para mí es el libre albedrío, pero quería encontrar el lenguaje más sencillo, más pedagógico para poder comunicarlo.

El título, si el editor no propone cambiarlo, será Nadie es libre. Lo difícil es ser nadie.

 

 

 

 

 

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