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Javier Charme – Nacimiento, Muerte, Agonía y Éxtasis. Una Visión clínica de la Luz y la Sombra

Javier Charme es el director de Grof Legacy Training en Latinoamérica, España Portugal y ha sido discípulo de Stanislav Grof, a quien se considera el principal fundador de la psicología transpersonal.

Stanislav Grof tiene una formación académica formal y un reconocimiento histórico en la psiquiatría, pero sus teorías sobre la psicología transpersonal y la respiración holotrópica carecen de respaldo y validación en la ciencia tradicional, según ha podido averiguar nuestro equipo redactor.

Adjuntamos este enlace sobre la Respiración holotrópica en Wikipedia.

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Voy a hablar de la sombra y la luz desde la investigación moderna de la conciencia y el trabajo de Stanislav Grof. Mi perspectiva sobre esto es un poco particular. Gran parte de mi vida la he dedicado a explorar estados diferentes de conciencia, estados no ordinarios o alterados que tienen una cierta capacidad de llevarte hacia la totalidad al dirigirte hacia lo más profundo de tu ser. En esa profundidad hay luz y oscuridad,

Pero para poder ver esa profundidad hay que abrir el inconsciente, hackear los mecanismos de defensa. Y de eso es de lo que voy a tratar en la charla. Primero hablaré de la luz en términos generales, luego de la sombra y de ahí voy a pasar a la parte más clínica que es la investigación de Stan Grof y el trabajo con estados holotrópicos.

Diría que la luz es el misterio de quiénes somos, es poder realizar de cierta forma el tremendo misterio sagrado que es estar vivos, poder percibir ese misterio y que lo místico no nos sea ajeno, poder entender nuestra verdadera naturaleza, lo que realmente somos.

Desde la perspectiva holotrópica todo está inmerso en la conciencia. Como dice Grof, nuestra conciencia está rasgada de una conciencia más amplia que es la conciencia universal, la inteligencia creativa cósmica, que genera células, átomos, galaxias y todo lo que puedan concebir. Y esa interdependencia entre la conciencia individual y la conciencia universal, entre lo no manifiesto y lo manifiesto, esa unión sagrada entre lo infinito y lo finito está ocurriendo aquí y ahora en cada uno de nosotros. La luz es poder atisbar ese misterio que no lo puede agarrar la mente, poder sentir la base del ser en sí misma, la conciencia pura, ese misterio que es nuestro yo absoluto.

El baile sagrado de la existencia misma, somos un fenómeno cósmico, un evento cósmico. Percibir el misterio sagrado y la belleza de la vida se traduce en sabiduría, felicidad, plenitud, y todo eso en amor. Nos hace salir del ombligo y mirar a un mundo que está en problemas, a un otro que está sufriendo. Estamos muy ocupados, muy fascinados por los objetos y se nos pasa el trasfondo muchas veces.

Por otro lado, tenemos muchas heridas inconscientes. Pasamos desde lo infinito a los finitos, nos hacemos individuos y se nos va olvidando de dónde venimos. Tenemos emociones aflictivas que nos separan y nos engañan, envidia, celos, orgullo, la ambición. No es que sean malas, el problema es que nos roban la felicidad, son poco prácticas.

Cuando nos exploramos en profundidad, la búsqueda del neurótico se vuelve existencial. El mismo ser en diferentes momentos de tu exploración va viendo diferentes cosas. Cuando nos damos el lujo de poder mirar hacia el mundo interior, algo se empieza a mover, a alinear, a sanar. Y en ese camino empezamos a encontrar estas diferentes fracturas y traumas.

Sigmund Freud creía que el ser humano nace como una tabla rasa, como una pizarra en blanco. Desde esa perspectiva, la mente tuya y la mía serían exactamente iguales. La diferencia sería la crianza, la infancia, las enseñanzas y los diferentes psicotraumas que van determinando la estructura de tu personalidad. Grof pensaba que el embarazo y el parto influyen de manera profunda y permanente en la psique del recién nacido.

Hay dos tipos de traumas que aparecen en terapia psicodélica u holotrópica: traumas por acción y traumas por omisión. Por acción son cosas que te han hecho y que el organismo toma como un insulto, abuso, maltrato físico, emocional, sexual. Es tan fuerte que no puede ser digerido y se mete debajo de la alfombra. Pero no queda ahí, sino que pasa a ser parte de los programas directivos del inconsciente, se une a otras experiencias y determina la forma en la que vemos el mundo y cómo nos vemos nosotros mismos.

En estos traumas por acción, lo que hay que hacer es permitir que la ansiedad, el miedo, la tensión, la confusión que estaba guardada se pueda hacer consciente y se pueda liberar. Como dice Grof, la expresión consciente de un trauma inconsciente es su pila funeraria.

Lo interesante de los estados holotrópicos es que te permiten llegar muchas veces a suavizar el síntoma incluso poder solucionarlo sin tener que medicar. Es una gran alternativa entre una psicología que suele ser verbal, intelectual y por ende poco profunda, y una psiquiatría que hoy en día suele ser más bien paliativa.

También hay traumas por omisión, cosas que son positivas y no tuvimos.  El ser humano necesita cariño, afecto, ternura, que te digan te quiero, que te hagan sentir que eres un ser adecuado. Cuando te ha faltado mucho de eso, cuando los padres no estaban presentes o no te sentías querido, has sufrido una gran carencia. Estos traumas son muy difíciles de tratar en terapia clásica; con la holotrópica se pueden manejar de forma más efectiva.

El psicoanalista nunca da la mano, porque se cree que esto puede romper la transferencia. En holotrópica trabajamos diferente. Puedes terminar abrazado con los facilitadores, durante horas si es necesario. Esto ocurre en un espacio totalmente seguro y ético, donde nunca se pasan barreras éticas ni sexuales.

Pero lo que deja impresionadísimos a los investigadores es que, según los pacientes iban cada vez a capas más profundas, según van retrocediendo espontáneamente en su propia historia, de pronto ocurría que empezaban a revivir en vivo y en directo su propio nacimiento, lo que no debería ocurrir supuestamente porque se supone que al cerebro le falta una capa de mielina.

El nacimiento es el primer gran psicotrauma de todo ser. El nacer es la pérdida del paraíso, es la pérdida de un estado de gran sinergia y comunión con el organismo materno y es el comienzo de la individualidad, por ende, la dualidad.

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