Todos damos por hecho que pensamos bien. Pero en la práctica -en lo personal, lo social y lo político- tomamos decisiones automáticas, opinamos sin verificar, repetimos ideas no examinadas y confundimos nuestras emociones con criterios.
Pensar es una de esas cosas que creemos dominar solo porque ocurre todo el tiempo, igual que sucede con otras habilidades cotidianas: escribir, comunicarnos o relacionarnos. Todos lo hacemos, sí. Pero eso no significa que lo hagamos bien. ¿Qué es pensar bien?
DESTACAMOS:
Pensar es un arte. Y, como todo arte, requiere práctica, criterio y entrenamiento. Porque pensar no es solo “tener pensamientos”. Pensar bien implica algo mucho más exigente: conectar significados de forma coherente hacia una meta, dice José Antonio Marina, y, además, desarrollar conciencia sobre nuestro propio pensamiento, añade Gustavo Diez. Es decir, metacognición.
En esta conversación -enmarcada en el podcast Pasen y Sean con Antonella Fayer- se cruzan dos miradas complementarias: la de José Antonio Marina, filósofo y pedagogo que lleva décadas investigando cómo educar la inteligencia, y la de Gustavo G. Diez, director de Nirakara y neurocientífico, que nos lleva a un esencial: pensar no es solo un acto mental; es corporal, entrenable y vulnerable al contexto.
A lo largo de la charla exploran el pensar como un proceso deliberado y metacognitivo: el papel central de la atención, por qué el cerebro no busca la verdad sino la eficiencia, los errores previsibles de nuestra arquitectura mental y cómo el ruido, la prisa y los algoritmos distorsionan el juicio. También abordan el pensamiento colectivo -identidad de grupo y “patógenos sociales”-, la fatiga de decidir y la necesidad de ética, autocompasión y memoria (individual y colectiva) como palancas para elegir mejor… y no repetir los mismos errores.

