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Mónica Cavallé – Cómo alcanzar el autoconocimiento real: Una guía de Filosofía Sapiencial

En esta entrevista Javier Esteban, profesor y terapeuta especializado en sueños, conversa con la filósofa Mónica Cavallé sobre la filosofía sapiencial, el tránsito de la conciencia de separatividad a la unidad y cómo el amor a la verdad puede transformar nuestra existencia y nuestra forma de afrontar la vida y la muerte.

Destacamos:

Filosofía sapiencial: el camino del autoconocimiento. Cuando Mónica Cavallé terminó sus estudios de filosofía, sintió un desfase entre lo que la Academia consideraba filosofía y lo que ella intuía que debía ser. De esa experiencia nació su propuesta de filosofía sapiencial: un camino de acompañamiento filosófico basado en vivir una vida examinada.

No es terapia, es protagonismo interior. La filosofía sapiencial no está orientada a resolver problemas concretos. Es un proceso más profundo: protagonizar un viaje que requiere tiempo, honestidad y coraje. Para conocer la realidad, previamente hay que transformarse.

Experiencia directa y conciencia de unidad. Mónica evita hablar de aquello que no tiene un referente experiencial. La filosofía sapiencial parte de vivencias universales: por ejemplo, cuando amamos profundamente no nos preguntamos por el sentido de la vida, simplemente lo estamos viviendo. En esos momentos aparece una conciencia de unidad: al amar, servir o desplegar nuestro potencial, nos sentimos conectados con algo más profundo.

Separatividad y unidad. Existen dos niveles de conciencia: 1️⃣ Conciencia de separatividad: El yo se vive contraído y aislado. Se experimenta conflicto, comparación y competitividad. Mi bien parece enfrentado al bien de los demás. 2️⃣ Conciencia de unidad: Se vive la conexión con una Vida mayor. Nos sentimos cauce de una inteligencia benéfica que nos  sostiene. La mayoría vivimos en una zona intermedia entre ambas.

Razón superior y razón inferior. Los griegos distinguían dos tipos de razón: Razón inferior: pensamiento discursivo, argumentativo y conceptual. Razón superior (Nous): mente contemplativa, mirada directa que capta la realidad. Desde la modernidad, el término “razón” se ha reducido casi exclusivamente a su dimensión inferior. Pero la verdad, el bien y la belleza no se alcanzan por simple argumentación: son captaciones inmediatas de esa sabiduría profunda, ese logos interior.

Diálogo contemplativo. Inspirado en el método socrático, el diálogo contemplativo no pretende enseñar, sino acompañar. Cuando se produce una comprensión profunda, suele sentirse como reconocimiento: algo familiar que se recuerda. “Conocer es recordar”.

Filosofía y espiritualidad. En la tradición clásica, la filosofía era la actividad del Nous, lo que hoy podríamos traducir como espíritu. Se habla de una estructura trina del ser humano: Soma: cuerpo físico. Psique: dimensión mental y emocional. Espíritu: dimensión libre, no condicionada por lo psicofísico. Aquí la frontera entre filosofía y espiritualidad se difumina.

Amar la verdad, aunque duela. Este camino es contracultural. Supone un amor incondicional por la verdad, aunque al principio dé miedo. Abrir los ojos implica ver nuestras máscaras y creencias heredadas. Confrontar el yo idealizado duele, pero finalmente produce una profunda paz: descansar en la realidad. Requiere vulnerabilidad. Y esa vulnerabilidad es fortaleza. Ser aliados de lo único que no puede ser dañado: la realidad.

Atención sin juicio. Se trata de mirarnos sin analizarnos compulsivamente. Observar nuestras reacciones con ecuanimidad.

El peligro del consumo espiritual. En la sociedad de consumo también se consumen experiencias espirituales. Es un falso atajo, propio del hedonismo actual. Lo genuino no puede forzarse. Ni el amor ni la comprensión profunda se producen por voluntad.

Presencia frente a imagen. Podemos vivirnos como imagen o como presencia. Desde la presencia despierta, el valor propio es intrínseco. No depende del reconocimiento externo. Se experimenta una plenitud en desarrollo, pero no basada en carencia.

Aprender a morir. Aprender a morir es aprender a vivir. Soltar identificaciones antes de la muerte física es una preparación para ella.

Modernidad, nihilismo y autonomía. Existe una cierta idolatría de la neurociencia, pese a que aún está en fase exploratoria. La ruptura con antiguas creencias fue necesaria, pero generó nihilismo: la idea de que no hay verdad ni valores. Esto puede desembocar en narcisismo y caos. Hoy existe la tentación de volver a modelos autoritarios que prometen certezas. Pero la conquista de la autonomía moderna debe preservarse. Se trata de recuperar los valores de verdad, bien y belleza desde la autonomía.

Habitar la atmósfera de la verdad. “Habitar la atmósfera de la verdad es permitir que la vida nos piense, nos abra y nos transforme.” Este es el núcleo de la filosofía sapiencial: dejar que la vida nos atraviese y nos revele lo que ya somos.

 

 

 

 

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