Está bien eso de ser una mujer empoderada y autosuficiente como meta, como final de un proceso, como deseo, como algo a alcanzar… Quizá está bien.
Aunque nunca he compartido mucho eso de “empoderarse” como una necesidad personal, veo más necesario a veces desempoderar a tanta gente a mi alrededor a la que he dado, de forma muy inconsciente, tanto poder durante demasiado tiempo y a tanta otra que, aprovechando ciertas debilidades e inconsistencias, han abusado de mi ignorancia, de mi ingenuidad, e incluso de mi necesidad de ser aceptada por todos.
Sin embargo, lo de autosuficiencia ha sido mi pelea y mi causa por encima de toda bandera y de todo aquello que he vivido como reto. No vivir algo como reto es complicado cuando una ve fantasmas y amenazas en cada rincón.
Empoderadas quizás en proceso; ya lo de adecuadamente o no lo dejo para otro momento. De autosuficiente creo que me paso y me olvido de que vivo en sociedad, donde se colabora y se comparte siempre, o a veces, en ambas direcciones. Hacía afuera lo tengo más fácil, ¿Quién no? ¿A quién no le resulta más fácil echar una mano y a quién no le cuesta un horror pedir ayuda? Aunque me siento bicho raro en muchas cosas, sé que en esta no soy la única.
Así que comparto, de momento, la frase con mis pequeñas condiciones.
Pero es demasiado optimista pensar que puedo vivir, bajo ese ritmo, todo el tiempo… Que levante la mano quien no tiene un montón de optimistas a su alrededor, ese tipo de gente que siempre ve lo bueno y lo enarbola como bandera, y quien alguna vez no se ha enfadado ante tanto optimismo.
Está bien, es la mejor parte de la frase. Está bien eso de no mantener el ritmo fijo. Está bien bajar la guardia y caerse o sentarse por reclinarse o bajarse y apearse del camino y dar tiempo al tiempo
Está bien pararse, respirar. Y mirar el paisaje. Y plantar tres tiendas… y tomarse un respiro.
Está bien tener miedo y querer volver a otros lugares quizás más conocidos y hoy vistos realmente como incómodos… Pero son de una incomodidad tan conocida, ya tienen su hueco, y sabes cómo moverte. Está bien no mantener los ritmos fijos.
Hay días en los que soy una mujer débil y tengo miedo, y no quiero abrir los ojos, y solo quiero dormir y desaparecer… y está bien.
Hay días en que necesito ayuda… y está bien. Y está bien, aunque no la pida, sepa o no por qué lo hago.
… que necesite mimos y descanso cuando el cuerpo pide horizontalidad. Hay que escucharlo, aunque parezca una pérdida de tiempo y haya tanto por hacer; pero cuando el cuerpo reclama, escúchalo. Empoderar también es escucharte, sentirte, ser amable con una misma…
Hay momentos en los que colapso: hoy es uno de esos días, y ser amable conmigo es aprender a respetarme en esos días.
Y necesito una sesión de llanto o de risas o de pasear en solitario o de gritar o de dormir o de golpear un colchón viejo con una raqueta… Y todo está bien.
Así que callaros los optimistas por oficio, porque os sobra mucho y os falta mucho; porque tenéis que aprender a mirar, a callar, a escuchar y, quizás lo más difícil, a no tener la solución, a no intervenir. Y qué sepáis que está bien.
Yo ya no quiero soluciones ajenas. Si necesito tu consejo te lo pediré, pero respeta mis silencios; no es ofensa ni es defensa, es solo eso, un silencio, una lágrima, una risa nerviosa… y está bien.
Así que empoderada sí, unos días más que otros, pero soy humana primero. Y realmente el único poder que preciso es el del amor propio, sano y liberador, que nace y emerge de la profundidad, del silencio y la quietud que soy… quizás a veces en esencia, quizás a veces en presencia… y está bien.
(Desde una Frase de Katy Salcedo)
Sonia Goyeneche

