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SILENCIO (Joan Tollifson)

Hay algo tan simple…

Silencio

Quietud

Presencia

Amor

Y cuando llega la oscuridad,

Detente. Mira. Escucha. Permanece en quietud.


La [meditación zen] es radicalmente simple… No importa lo que creas o pienses: esta práctica tan sencilla de sentarte en silencio y sentir el momento presente tendrá un impacto poderoso en tu vida.

Norman Fischer, de What Is Zen? Plain Talk for a Beginner’s Mind, de Norman Fischer y Susan Moon


Presencia abierta y consciente

Hay una quietud, una amplitud, una apertura en el corazón de nuestro ser que contempla todo desde la totalidad y el amor incondicional. En esta presencia abierta y consciente hay tanto potencial infinito como compasión por todo tal como es. No hay separación, no hay división, no hay dentro ni fuera, no hay otro.

Este único momento sin fondo cambia constantemente de apariencia sin apartarse jamás de la inmediatez del aquí y ahora. El pensamiento divide conceptualmente, etiqueta, categoriza, interpreta y aparentemente solidifica el flujo inasible e imposible de fijar de la experiencia, creando una especie de realidad virtual compuesta de cosas que parecen sólidas, separadas, independientes y persistentes.

Pero puede descubrirse que todas las cosas aparentemente formadas, incluidas las personas, son como olas en el océano: movimientos siempre cambiantes e inseparables de un todo indiviso. Cuando estamos hipnotizadas por el pensamiento de ser pequeñas y separadas del resto de la vida, surgen inevitablemente sentimientos de carencia, ansiedad e insatisfacción. Buscamos certeza y algo a lo que aferrarnos. Pero al no aferrarnos a nada en absoluto, aparece una inmensa apertura y libertad.

Lo que aquí se ofrece invita a la exploración directa y al descubrimiento en primera persona, no a la creencia ni al dogma. No hay meta final, ni fórmula, ni método, ni ningún lugar adónde ir: solo este único momento sin fondo y esta vivacidad siempre fresca.  (página de inicio actual de mi sitio web)


Si nos referimos a “estar despiertas” o a la “liberación” como una experiencia o un estado mental particular —quizá una sensación muy expansiva, abierta y pacífica— eso inevitablemente resultará decepcionante, porque ese estado desaparecerá. La presencia abierta y consciente que revela es simplemente lo que permanece cuando el sistema del “yo” se aquieta o cuando es totalmente aceptado como el clima de este momento. Esa presencia consciente, abierta y sin límites está en realidad siempre presente, incluso cuando parece oscurecida por pensamientos obsesivos centrados en el yo. Es el factor común en todas las experiencias diferentes. Y esos pensamientos no son otra cosa que esta misma vitalidad, la Única Realidad, manifestándose como pensamientos.

La experiencia cambia constantemente, como el clima. Nunca es personal. Es un acontecer del universo entero. Pero si tomamos el clima tormentoso, nublado o brumoso como algo personal, entonces parece que hemos perdido esa apertura expansiva que probamos antes. Si imaginamos que existe un yo persistente e independiente (“yo”) que está despierto o no despierto, eso es solo una imaginación. No puede encontrarse ningún yo así, persistente e independiente. No hay una experimentadora fuera de la experiencia. Aferrarse o perseguir experiencias de amplitud es una gran manera de evitarlas. Y con el tiempo vemos que toda experiencia, ya sea contraída o expansiva, clara o turbia, es siempre solo esto.

Esta totalidad o plenitud incluye todas las posibilidades. Incluye lo que llamamos dolor, bancarrota, guerra, tortura, enfermedad, discapacidad, demencia, traición, abandono, desastres naturales, genocidios, violaciones, granjas industriales y toda clase de crueldad y perturbación. Todo ello forma parte de la película de la vida despierta, así como todas las maneras en que reaccionamos y respondemos a ello. Y, sin embargo, todo eso es una apariencia similar a un sueño, que se disuelve en cuanto aparece. Las formas aparentes nunca existen realmente del modo en que parecen si no miramos con demasiada atención.

Son como manchas de Rorschach caleidoscópicas y siempre cambiantes que la mente buscadora de patrones interpreta constantemente: las identifica a partir de recuerdos, las etiqueta, las clasifica, teje narrativas en torno a ellas, creando la ilusión de un mundo aparentemente sólido de cosas separadas “ahí fuera”. Pero cuanto más atendemos a la simple realidad de la experiencia presente, más podemos ver que no existe un límite real entre dentro y fuera, y que nada llega a formarse como cosas sólidas, persistentes e independientes.


Hay algo tan simple…

Detente. Mira. Escucha. Permanece en quietud.

Disfruta de este momento, el único momento,

tal como es.


Painting by Fr Arthur Poulin, a Catholic monk


 

 

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