“Creo que es a esto a lo que apuntan en definitiva todas las enseñanzas religiosas y espirituales: al hecho de que hay algo ―llámalo como quieras (pues no siendo una cosa, es en verdad innombrable)― aquí, justo en las profundidades de la experiencia presente, que no viene y va, que no puede romperse, pudrirse ni desintegrarse, ni siquiera en medio de la más extrema tristeza, dolor o miedo. Es un lugar que siempre está profundamente bien, incluso cuando todo en la superficie parece no estarlo.”
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