El pasado 12 de agosto vivimos en gran parte de la península ibérica un eclipse de sol total. Una experiencia interesante. Mucha gente en los distintos observatorios organizados. Curiosamente hubo reacciones de silencio al momento de más oscuridad.
Algunas personas del grupo comentamos la sensación de vulnerabilidad y de absoluta pequeñez frente al universo. Una coincidencia del incesante recorrido del sol, la luna y la tierra, nos puso a la vista la oscuridad impuesta. ¿Y si el eclipse durase un año, por ejemplo? Ahí acabaría la vida en nuestro planeta.
Nosotros, los seres humanos, que vivimos enzarzados en multitud de enfrentamientos y controversias, descubrimos ayer que la oscuridad se nos puede imponer desde fuera, a la hora que no toca.
¡Qué pequeñez la nuestra! ¡Qué vulnerables e impermanentes!
¡Cómo no acordarnos en ese momento de Colombia!
Casi la mitad de nuestro grupo online son colombianas, muy queridas, con las que llevamos varios años compartiendo vida y camino.
Una de ellas nos pasó en el chat el siguiente mensaje:
Colombia lunes 10 de agosto 2026
“…Con alguien tengo que compartir el dolor y la impotencia que siento en estos momentos.
En la mañana todo parecía normal; niños al colegio, padres a trabajar, mamás a los quehaceres de la casa y así como el día a día de la mayoría de las personas.
Ruge la tierra y lo hace muy fuerte, no me pasa nada y a ninguno de mis familiares, pienso, nada pasó… Inician las noticias y aparecen las imágenes de los desastres, los primeros muertos, los familiares de otros desaparecidos, no los míos.
Una profesora, en un colegio, pidiendo ayuda a gritos porque 300 niños están bajo los escombros… no le llegan los rescatistas.
Ahí me derrumbé y se me arrugó el corazón, las lágrimas salieron y me han acompañado por un buen rato.
A las 10:30, 3 horas después del desastre, aparece el que debía coordinar todas las ayudas. No sabe ni dónde está parado, sale como una reina sonriente, mientras muchos ya lloran a sus familiares. Y ahí es donde se me descompone mi sentir… No habrá ayudas para los que lo necesitan, ni hablan de Quibdó que ha sido una ciudad fuertemente afectada, es una ciudad de negros, pobres que poco le van a importar a este nuevo gobierno.
Cómo extraño el gobierno anterior, estoy segura de que lo habría afrontado mejor y hubiera sido más justo”.
Este es el otro eclipse, la otra oscuridad, tan fuertemente impuesta estos días en Colombia.
Impuesta por la naturaleza de un planeta que tiene sus ajustes internos y que convierte nuestros cuerpos y edificaciones en plumas y cartones que caen y se hunden. Una sola palabra nos sale: horror.
Tanto horror solo puede ser amortiguado por la solidaridad de los pueblos y sus gentes. Compartir sin palabras, para no convertir en grito desesperado el llanto de nuestra compañera.
Para nuestro grupo el terremoto de Colombia tiene rostros concretos, amigas del alma, presentes en la pantalla cada reunión y con las que hoy compartimos el mismo silencio que dejó muda a la gente que vivió en directo el eclipse del sol.
Oscuridad, silencio, Presencia, aceptación, compromiso…
Toda la tristeza de este momento se vio agravada para la gente normal, para el pueblo como tal, por el cambio de gobierno, iniciado el 7 de agosto. Un cambio de 180 grados.
Colombia es un país precioso. Así nos lo cuentan las compañeras. Ellas nos han enseñado a amar a Colombia. Es naturaleza, es vida a raudales. Y ha vivido en las últimas décadas situaciones bien duras, con enfrentamientos muy dolorosos. Situaciones terribles y duraderas, con causas y consecuencias diversas y complicadas.
No es éste el foro para hacer análisis políticos. Estamos en otra dimensión del diálogo. Pero nuestro grupo no es ajeno a la oscuridad añadida por la alineación de Colombia a la ola mundial de autoritarismo, violencia, recorte cuando no eliminación de derechos, negacionismos, agresiones internacionales, ataque a lo público, desprecio del Derecho, etc. etc.
Y la gente, la gente sencilla y normal, sigue sufriendo.
Los vivos colores de la vegetación y las playas colombianas parecen palidecer víctimas del doble eclipse colombiano.
Hay que tener en cuenta que de la vivencia del eclipse de sol se desprenden dos aspectos positivos: Toda la población e incluso todos los medios, nos unimos con el tema. Por primera vez en los últimos años, todas estábamos de acuerdo en la importancia y la trascendencia del evento. Ni siquiera la gente terraplanista asomó la cabeza y nadie negó lo que todas y todos vimos. ¡Qué bueno!
Y el segundo aspecto es que duró poco tiempo. En el mejor de los emplazamientos no se alcanzaron los dos minutos. Y volvió el sol y con él la luz y el calor. Respiramos con alivio.
Colombia, queridas compañeras, volverá la luz. Puede tardar, pero vuelve seguro: la Vida siempre se abre paso.
Mientras tanto nos queda ayudarnos, ser solidarias y solidarios, trabajar cada cual en su tajo.
Igualdad, justicia, libertad y paz para Colombia y para nuestro mundo en llamas. Que acabe pronto el doble eclipse.
Colombia en nuestro corazón.
Grupo online de Profundidad Humana

