Inicio > Blog > DIOS NOS DIO A TRUMP (Ecequiel Subiza Pérez)

DIOS NOS DIO A TRUMP (Ecequiel Subiza Pérez)

La instrumentalización de la religión

Hace unos días leí en eldiario.es un artículo de Andrés Gil con este comentario inicial:

“Dios nos dio a Trump”: una convención republicana con aroma a secta para “salvar EEUU” del “pecado” y de la “alianza entre comunistas e islamistas”. Trump hizo jurar a los asistentes que fueran a votar so pena de ir al infierno, y nadie mandó callar al público que gritaba “deberían fusilarlos” mientras el senador Ted Cruz mencionaba referentes progresistas como Mamdani, El-Sayed y Talarico.

Casi a la vez accedí al blog de José Antonio Vázquez Mosquera, publicado en Religión Digital, con el titulo de “Cuando la ultraderecha secuestra el cristianismo: fascismo espiritual y cristoneofascismo”

 No solo a nivel social, sino también a nivel religioso, hay en este tiempo una gran preocupación por la utilización de las creencias y de las iglesias para introducir una forma o teoría social que defiende determinados valores, a los que unas y otros llaman “fascismo”.

Recoge Vázquez Mosquera en el blog citado:

Una de las expresiones del fascismo espiritual hoy en las iglesias es lo que Juan José Tamayo denomina cristoneofascismo: la alianza contemporánea entre extrema derecha política, fundamentalismo religioso, nacionalismo identitario y neoliberalismo económico.

¿Cuestiona esta problemática a la espiritualidad no religiosa? ¿Se puede decir algo desde la concepción de la Realidad como no-dual y por ende transpersonal? ¿Nos puede contaminar? ¿Nos pueden utilizar?

El tema tiene sus aristas (el que esté libre de pecado…) y sus peligros: no saltar la línea que va del pensamiento a las opciones políticas concretas. Porque todas las personas tenemos opiniones y opciones políticas y, obviamente, también yo. Pero, en el contexto de esta web, no entraré en la política en sentido estricto sino que trataré de moverme en el plano que conforma nuestra Profundidad Humana y en la acción concreta que de ella nace.

Seguimos leyendo algo más del blog de Vázquez:

… determinada espiritualidad de ultraderecha vuelve hoy a exaltar precisamente palabras como honor, jerarquía, virilidad, aristocracia, autoridad, disciplina y heroísmo.

 …aparecerían sucesivamente los enemigos: inmigrantes, musulmanes, feministas, personas LGTBI, ecologistas, izquierdistas, progresistas, globalistas, intelectuales, periodistas, universidades…

 … fascismo espiritual: la utilización de categorías religiosas, metafísicas, iniciáticas o espirituales para legitimar una concepción autoritaria, jerárquica y excluyente del ser humano y de la sociedad.

 En nuestro imaginario colectivo se nos aparece el fascismo como algo relativo a los tiempos de la segunda guerra mundial en Europa y a sus consecuencias posteriores en muchos países.

Pero hoy día lo que se etiqueta como fascismo se mueve muy bien en las sociedades con elecciones y parlamentos, y sabe usar las estrategias de comunicación, las redes sociales y todo el mundo del “control de la atención”, las noticias falsas, los bulos, los memes…

Se simplifica mucho la problemática social, tan compleja en las sociedades actuales, y se focaliza todo en cuestiones que se tornan enseguida en algo emocional, que da lugar a sentimientos de frustración, de miedo, de nuevos enemigos. Es el caso claro de la inmigración.

¿Qué puede aportar la espiritualidad no religiosa?

 Me vuelvo a preguntar si la espiritualidad no religiosa, con la que me identifico, tiene algo que decir o aportar en este escenario.

La espiritualidad es comprensión y vivencia de la unidad de lo real, de la unidad que somos. Espiritualidad, por tanto, es amor y trascendencia del yo. En nuestra identidad profunda somos uno con todo lo que es. Nos parece que la consciencia de separatividad —la idea de que somos seres separados— es una creencia mental errónea y nos reconocemos en la consciencia de unidad.

Frente a actitudes (pseudo)espiritualistas, indiferentes o pasivas, la espiritualidad laica ofrece cuestionamientos que constituyen auténticos criterios que orientan actitudes y comportamientos: ¿Vivo más en una consciencia de separatividad o en la consciencia de unidad? ¿Vivo el amor como criterio de acierto y verdad, frente a ideas de cualquier tipo? ¿Vivo girando en torno a los intereses del pequeño yo o soy capaz de tomar distancia de él para vivirme en un “nosotros”?

Por otro lado, ver que la Realidad es Una no invalida que en su seno haya una dialéctica de contrarios. Por ello reconocemos la Profundidad, reino del silencio y de la intimidad y el plano de la Vida desplegándose en sus mil formas.

Y afirmamos que lo que ocurre, el devenir de los acontecimientos, no nos es ajeno ni indiferente. Tenemos mucho que aportar, fundamentalmente favoreciendo la consciencia de unidad a la que hemos aludido. Porque tenemos claro que sólo la llamada “transformación de la consciencia” hará posible la construcción de una sociedad más humana, más justa y solidaria.

Del silencio a la igualdad y a «todo lo de todos los seres»

Tanto en el descubrimiento de la unicidad de la Realidad como en la vivencia de la Profundidad se alumbra el carácter transpersonal de la Consciencia profunda, que nos deslumbra con algo fundamental: la Igualdad: ver al otro, a la otra, no como otro yo, sino como yo mismo o como yo misma.

Todo este proceso de comprensión y conocimiento no está reservado a personas iniciadas o iluminadas. Es simplemente la descripción de lo que somos todos los seres humanos y es patrimonio de todo hombre o mujer en la raíz de su identidad. Y ni se borra ni se elimina, por mucho que nos distraigamos con modas y modos que nos venden como soluciones baratas a los problemas que nos agobian.

La espiritualidad así concebida no está lejos de las tradiciones filosóficas o religiosas. Todo mi respeto para ellas.

Y retomamos el hilo: de nuestro silencio profundo surge la acción correcta y necesaria. No se trata de discurrir mucho. Basta escuchar, mejor atender, a lo que surge de ese silencio.

Así, de la vivencia profunda de la igualdad, nos asalta el ansia por la justicia para todo el mundo, la libertad, la paz, la sorofraternidad.

Todo lo de todos los seres nos afecta. Somos la gente de lo común, de lo público, de la humanidad, de lo que nos hace iguales.

Termino con la última cita del blog de Vázquez Mosquera:

Quien experimenta la unidad profunda de la realidad difícilmente puede justificar la exclusión.

 Necesitamos recuperar:

  • el pensamiento crítico frente a la simplificación;
  • la hospitalidad frente a la xenofobia;
  • el pluralismo frente a la uniformidad;
  • la igualdad frente a las jerarquías sacralizadas;
  • la democracia frente al líder providencial;
  • la justicia social frente al neoliberalismo desregulado;
  • la igualdad entre hombres y mujeres frente al patriarcado;
  • la interculturalidad frente al nacionalismo excluyente;
  • la ecología frente a la depredación;
  • la compasión frente al desprecio.

Y desde ahí recuperar una espiritualidad capaz no de huir de la historia ni de dominarla, sino de transformarla desde abajo mediante la justicia, el cuidado y el amor.

Ecequiel Subiza Pérez

Espiritualidad Pamplona-Iruña
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.