5/10/2025
La Niña
Ha sido totalmente involuntario, imprevisto. Estoy en una práctica de meditación basada en descubrir mi niña interior (lo que en esencia soy) para sanarla, sanar mi pasado y presente, sanarme a mí misma. Tengo delante una fotografía de cuando contaba 6/7 meses, en brazos de mi madre, mirando de frente y sonriendo. La suelo utilizar en este tipo de meditación (siguiendo la de E. Martínez Lozano) porque es la estampa de una niña feliz, amada, con esa seguridad y confianza y alegría que solo el amor da; aún no está contaminada ni por prejuicios ni por creencias. No ha sufrido. No esconde nada. Parece que no hay mucho de qué consolarla. ¿Qué pensamientos se pueden tener cuando aún no se habla? Creo que solo sensaciones y sentimientos.
Después de mirarla/mirarme como niña, siento intenso amor hacia ella y he imaginado, siguiendo el orden de la meditación, que era ella quien me miraba con ese intenso amor y, de repente, la he sentido meterse dentro de mí, exactamente en mi corazón, y lo ha revuelto todo: quiere obviar toda mi vida pasada. Arramblar con todo. Disiparlo todo, como si lo vivido fuera nada. Que me olvide de lo hecho o de lo sin hacer.
Intuyo a dónde quiere llegar. Exactamente a donde yo quiero ir, a lo más profundo de mí, a la esencia, y es lo que pido y anhelo; pero a la vez me atemoriza: no sé si después podría reconocerme o si me dañarán al tratar de vivir desde esa inocencia y trasparencia.
Sí conozco y, sin quererlo, tengo presentes mis fracasos, los intentos infructuosos y repetidos que, aunque final y felizmente superados, han jalonado mi vida. Toda esa larga vida que, sin embargo, y como si fuera ajena, no parece haber sido vivida por mí.
Pero hoy esa niña me ha mirado, me ha reconocido y ha invadido mi interior con toda su confiada alegría, ilusión e inocencia. Y con todas sus fuerzas intactas. Creo que esta vez ha venido para quedarse, y así lo deseo. Tenemos mucho de qué hablar. Sé que ella, esa niña de la foto, la vida aún la tiene por vivir: he de dejar que lo haga, que la vida sea y todo quedará borrado, sanado, sin nada que demostrar.
Desaparecido el ego, solo quedará un puro corazón latiendo, el “ser/siendo”. Cuando “soy” no necesito pensar en cómo soy, lo estoy siendo; eso habla ya de por sí. Actúo. No preciso lenguaje para explicarlo, como esa niña que aún no tiene palabras para pensarse, sencillamente “es” y es ella misma, por dentro y por fuera lo mismo. Sin ninguna barrera que separe lo uno de lo otro. Diáfana, clara y por lo tanto vulnerable, pero también totalmente libre y en paz, sin luchas interiores porque el ser de fuera y el ser de dentro son lo mismo.
Así que no puedo explicar cómo es eso de ser, sino siendo. Este “siendo” lo ocupa todo, es completo y transparente, se manifiesta y deja ver tal cual. Nada que ocultar. Es lo íntimo y primario, sin disfraz. De ahí el miedo a ser herida.
3/11/2025
La niña esa, la que se me ha metido dentro, ¡me está amando! Tiene que ser ella, ¡me siento amada! Ese amor ha ocupado totalmente el vacío que sentía dentro y ya no hay más vacío; me siento amada, es más, ¡me estoy amando yo!, ¡¡a mí misma!! Esa convicción me deja perpleja y ese amor vibra en todo mi cuerpo y lo llena de calor. La niña inocente, feliz, amada, emerge (salgo a la luz) y toda una nueva vida comienza bajo esa mirada. Lo más sorprendente, si cabe, es que aún estándolo, no me siento sola.
Isabel Garrido

