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¿HEREDADO? (Sonia Goyeneche)

Un estribillo se me ha colado, no solo en la cabeza sino en las entrañas, y me deja los ojos como platos y me recorre un escalofrío por la espalda. Y no es que sea algo poco conocido, mil veces escuchado en mil voces pronunciadas. Pero la música tiene un ritmo y una vibración. Y son mis células las que responden y no mi cabeza, que no deja de revolverse e intentar manipular las palabras.

En las entrañas, en la profundidad, todo suena diferente. Diferente porque parecen palabras pronunciadas solo para esa parte de mí tan herida, tan niña, tan encogida.

“¿Que no te das cuenta, que lo que cargas es algo heredado?

¿Que lo que te cuentas es algo que pertenece al pasado?”

“Heredado”.

Heredado porque perteneció a otros antes que a ti y como un regalo, una ofrenda, lo recibe una en el mismo instante de nacer…

“Lo que te cuentas”… todo aquello de que no soy suficiente; que lo que me importa no es importante; que soy demasiado delicada y debería vivir bajo una urna; que lo incómodo es nuestro pan de cada día; acostúmbrate… es lo que hay, lo que mereces… pero no pongas esa cara de quitagustos y sonríe, que no se note eso que llevas por dentro; aquello de que para estar completa hay que estar acompañada y que las solitarias estáis condenadas al olvido y a la infelicidad; que complicas mucho las cosas, piensas demasiado y enrevesado; aquello de ponte guapa porque no lo eres, ordénate porque eres puro caos, cállate, no te salgas del molde, mantente formal, en los límites que te mereces; calladita estás más guapa; el bien no dura, no te agarres a lo bueno, es efímero, y lo malo es tu equilibrio; no sueñes, que no sirve para nada; escóndete y quédate al margen, que no eres nadie; tu opinión no interesa; no sobresalgas, no llames la atención, solo eres del montón… Tantos y tantos pensamientos que nos los conocemos, porque andan a sus anchas en zapatillas de casa… ¡Son cosas heredadas!

¡Sorpresa!

Quizás es verdad, y hasta no hace mucho no había caído en la cuenta de que mucho de lo que me digo me lo enseñaron así… quizás porque no supieron hacerlo de otra manera, quizás porque no supe aprender otra cosa.

Pero si soy consciente de que creció en mí, un miedo, de que todo aquello que me contaba era realmente lo que era.

Y, verdad o no, he vivido durante demasiado tiempo convencida de que era así… Pero un día, en un instante, el velo se cae; primero se desvela y se muestra como tal, después se rasga y, finalmente, se cae.

Quizás aún esté lejos de desentrañar mis patrones de mis pensamientos, pero quiero renunciar a todo ello. Me comprometo, de momento un rato si y un rato no, a descubrir y diferenciar, discernir, qué es mío y qué es de otros. Siento y reconozco que no debo explicaciones a nadie, y que tampoco tengo deuda alguna con nada ni con nadie.

Sí, quizás hay cosas que hoy se están cayendo, o de las que estoy cayendo en la cuenta de que mucho fue aprendido y parte fue heredado…

Un ‘gracias’ me nace desde dentro, a “Flor de lava*”, y nace un compromiso por despejar, por soltar por fin y dejarlo allí, en ese pasado que fue, que no me pertenece ni al que pertenezco.

Quizás es verdad que no puedo cambiar el pasado, pero tiene la misma cantidad de verdad saber que puedo cambiar lo que me cuento.

Y quizás si dejo que la comprensión, el silencio, la quietud y la intuición sean mis consejeras, las palabras dejarán de rozar heridas y empezaré a acariciar, con la amabilidad de las puntas de mis dedos, lo que soy.

(*Flor de lava, es un grupo de cantautoras colombianas, que entre sus composiciones tienen la canción “El velo se cayó”)

Sonia Goyeneche