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LA MEDITACIÓN COMO VÍA DE AUTOCONOCIMIENTO (Jordi Casals)

(Imagen superior: “La flor”, cuadro de Miriam Subirana).

 

En nuestro último retiro de meditación en Vigo el pasado noviembre de 2023, hablamos de dos temas fundamentales: la relación con los conflictos y la meditación como vía de autoconocimiento. Sobre el primer tema, la relación con los conflictos, puedes leer el artículo publicado en este link.

Respecto de la meditación como vía de autoconocimiento, se hace necesaria, ya que al ignorar nuestra verdadera naturaleza nos sentimos separados y por eso sufrimos. Y esto es así porque creemos que somos un objeto (cuerpo), que dirigimos a voluntad de forma independiente, separado del resto de la existencia. El camino espiritual, entendido como camino de la paz y de la meditación, consiste en desenmascarar esta falsa creencia. Cualquier meditador puede explorar la validez de esta creencia desde cuatro ángulos distintos.

El primer enfoque consiste en darnos cuenta de cómo la vida funciona mejor sin nuestra intervención, por ejemplo, la respiración. Si nos sentamos a meditar y observamos cómo está respirando el cuerpo, en un primer momento parece que tenemos que realizar el esfuerzo de respirar, como si la respiración dependiera de nuestra intervención. Ahora, si observamos cómo el cuerpo está respirando sin la sensación de intervenir, podemos observar que la respiración es distinta, la inhalación se va volviendo imperceptible mientras que la exhalación se hace más pausada y alargada. Es como cuando observamos el movimiento de las olas del mar, donde no hay ninguna sensación de control en el movimiento. Llegado un nivel de observación, podemos observar desde el mismo lugar el ir y venir de nuestra respiración y comprobar cómo ésta va cambiando al mismo tiempo que se va perdiendo la voluntad de intervenir. Una menor sensación de intervención equivale a una respiración más armoniosa. Así, empezamos a comprender que cuanto menos intervenimos mayor es la fluidez con la que se desarrolla nuestra vida.

En segundo lugar, otro enfoque para explorar que no somos un objeto separado se basa en dejar a un lado la idea que tenemos de lo que es el cuerpo y explorarlo con la mirada, como si fuera la primera vez que entramos en contacto con él. De este modo, dejamos que el cuerpo cobre vida, como sensación pura. Nos damos tiempo para que la sensación empiece a experimentarse como espacio y vibración. Podemos sentir las sensaciones corporales vibrando y apareciendo rodeadas y atravesadas por espacio vacío. No encontramos un cuerpo sólido separado del resto de la experiencia, sino un conjunto de sensaciones unificadas en un espacio de percepción. Cuando nos adentramos en el mundo de la meditación tomamos conciencia de que toda experiencia, lo que incluye la experiencia de lo que llamamos el mundo y el cuerpo, es una percepción.

Como tercera aproximación, corroborar desde dónde estamos percibiendo. Una de las ideas que refuerzan la creencia de que somos una entidad separada es que nos imaginamos localizados en un punto. Pero, ¿Dónde estamos localizados? La auto-indagación consiste en encontrar este punto donde creemos estar, como en la cabeza o el pecho, y darnos cuenta una y otra vez que estamos observando ese punto (y cualquier otro) desde un espacio de mayor profundidad (no-localizado). El ojo no puede verse a sí mismo a distancia cero. Esto nos lleva a una práctica que, capa a capa, va abriendo el foco de la atención hacia la atención misma, hasta que se toma conciencia con cierta claridad de que lo que soy no está incluido en la escena. En la meditación podemos corroborar que no hay un “algo” separado del resto de la experiencia percibida. Solo hay prueba de percepción, pero no de un algo separado de esta percepción. Mantenerse en esta toma de conciencia favorece despertar a la evidencia de que no hay un sujeto percibiendo un objeto, sino pura percepción, que elimina el sentido de separatividad.

El cuarto enfoque para descubrir qué somos se basa en la premisa de que lo real es aquello que no cambia, que no depende, que es siempre igual a sí mismo. ¿Qué hay en nosotros que no cambie? El cuerpo cambia, la mente cambia, ¿Hay algo en nuestra experiencia que se mantenga constante? Es evidente que existimos. Pero, ¿Quién o qué es esto que está constantemente aquí conociendo los cambios? Este sentido de presencia, la sensación de ser pura (no la de ser un algo) que sirve de contexto a las experiencias, puede ser reconocida, lo que nos permite mantener el foco de atención en ella. Esta sería otra forma de orientar la meditación, descubrir lo que hay de constante en la experiencia presente y mantener el foco abierto hacia lo inmutable. De este modo vamos dejando de darle importancia a la autoimagen y empezamos a reconocernos sin rostro, como puro Ser.

En los enfoques anteriores cuestionamos con la mirada nuestras creencias acerca de qué soy, qué es el cuerpo, qué es lo real, qué es la experiencia. Pero no se trata de encontrar una respuesta, basta con mantener despierto el interés por conocernos, expandir conciencia y darnos cuenta con claridad de que no sabemos lo que somos. El camino de la meditación no sustituye una creencia por otra, sino que nos deja en un espacio abierto, sin creencias a las que asirnos. La paz no está en saber todas las respuestas, sino en disolver todas las preguntas.

Recomiendo los libros La mirada inocente de Jean Klein, Meditación auténtica de Adyashanti y las Meditaciones guiadas de Francis Lucille

Jordi Casals