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LO QUE SE HA PERDIDO EN TRES GENERACIONES (Marià Corbí)

En tres generaciones hemos perdido una forma acreditada socialmente de cultivo de la cualidad humana y de la dimensión absoluta.

La generación de los que ahora son abuelos fue religiosa practicante en su juventud. Poco a poco se fueron alejando de la práctica y luego de las creencias. Ya no enseñaron, de forma convincente, a sus hijos las creencias religiosas y su práctica.

Esos hijos ya crecieron sin religión, sin creencias y sin formas acreditadas de cultivar la cualidad humana y el acceso a la dimensión absoluta. Fueron personas completamente laicas, cuya única realidad era la de las modelaciones necesarias para la vida cotidiana de vivientes necesitados. Hubo personas de cualidad, pero como logro personal, sin la ayuda de ninguna maestría o procedimiento socialmente acreditado.

Los hijos de estas personas que ya vivían en una realidad de una sola dimensión, la de un viviente necesitado, en un ambiente cultural organizado en torno de los intereses egoístas de las organizaciones y de las personas, ya no tienen ni la más remota idea de una dimensión absoluta de la realidad, mucho menos de una dimensión religiosa.

Tienen que vivir en un mundo plano, sin resonancias profundas. Solo unos pocos tienen noticia y cultivan una dimensión más sutil de la realidad, que no sea el de la modelación de todo a la medida de nuestras necesidades: unos pocos poetas, artistas y personas, que no se sabe cómo, son especiales.

En un proceso, en dimensiones históricas, rapidísimo, en Cataluña, España y, de una forma u otra, en toda la cultura occidental, hemos arrojado al basurero de la historia la sabiduría de nuestros antepasados, los esfuerzos y logros de hombres y mujeres sinceros para cultivar la cualidad humana y experimentar colectiva e individualmente la dimensión gratuita, absoluta de la realidad, que está ahí independientemente de que seamos o no seamos los humanos.

Desprecio de la sabiduría acumulada por nuestros antepasados durante milenios.

Nos encontramos con un porvenir que, si bien se considera, es aterrador. Unas ciencias y técnicas en crecimiento exponencial, gestionadas y regidas por humanos guiados por el egoísmo individual y de grupo, carentes de cualidad humana y sin medios para cultivarla seriamente, sin la menor idea de la doble dimensión de la realidad y carentes de procedimientos acreditados de cultivo.

La humanidad, en su conjunto, no es consciente del riesgo mortal de esta situación. El riesgo, para nosotros los humanos, para toda la vida del planeta y para el planeta mismo, es muy grave. Es difícil corregir los errores de la marcha cuando no se tiene sentido del peligro que corremos.

Ceguera colectiva

En Occidente tenemos ya una sociedad ciega respecto a lo sutil por inobjetivable, a lo gratuito, a lo absoluto, a Eso vacío de figuración, a lo que está más allá de nuestras modelaciones de la realidad a la medida de nuestras necesidades, al gran misterio de los mundos.

Para que las sociedades de conocimiento funcionen correctamente necesitamos cualidad humana, cualidad humana profunda y cultivo de Eso a lo que estamos ciegos. La única solución viable para adquirir esas cualidades, que nos son imprescindibles, es ver y sentir Eso sutil a lo que estamos ciegos. Solo ver, y sentir lo que vemos, puede salvar a las sociedades de conocimiento de ser instrumentos de destrucción.

Solo ver en todo lo que nos rodea y en nosotros mismos Eso sutil fuente de todo, y sentirlo en lo hondo, puede conducirnos a la salvación de nuestra especie y de toda la vida en el planeta. Ni las creencias ni la ética, ni la sumisión-coerción pueden.

Las narraciones religiosas se han vuelto ininteligibles, por causa de la epistemología mítica. Las creencias son imposibles en sociedades de conocimiento. La ética es abstracta y no puede llegar a motivar y cohesionar. Las ideologías están moribundas, carecen de prestigio para los colectivos y son incapaces de abrir las puertas del ver.

El egoísmo como sistema de cultura, de organización colectiva y motor de individuos y colectivos, cierra a la sutilidad que capacita para ver Eso gratuito.

Nuestra sociedad está ciega en sus sistemas de comunicación, en el cine y la televisión, en la vida cotidiana. Hay algo de luz en algunos artistas, poetas, narradores. También la hay en pequeños grupos, incomunicados, de buscadores de la espiritualidad principalmente en fuentes orientales.

Nadie ve, nadie habla de Eso sutil presente en todo y fuente de todo, no hay ni alusiones a la posibilidad de ver.

Hay instituciones religiosas que hablan de Eso, pero para creer y para someter. La ceguera colectiva es enorme.

Urge enseñar a los colectivos a ver y sentir la dimensión absoluta de todo.

Marià Corbí

Espiritualidad Pamplona-Iruña
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