Fabiola, del canal FabulaMente, entrevista a Mardía Herrero. Mardía es escritora, profesora y doctora en literatura.
“Por mucho que se haya desarrollado el camino de acción, hay algo que sólo se realiza en el no hacer nada, en el no tener que triunfar en nada, en el no deber tener éxito, sino simplemente en acoger la vida como viene, poder habitar a fondo con amor lo cotidiano.”
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Apertura es buena palabra para empezar. Porque en realidad todo el proceso vital tiene que ver con irse abriendo poco a poco a asumir dosis crecientes de realidad. Y eso es madurar, crecer, hacer camino psicológico y camino espiritual. Tenemos que ir abriendo nuestro corazón para ir acogiendo poco a poco más vida, más verdad y más belleza.
Para mí escribir siempre fue una liberación. Pero debido a mis múltiples embarazos y maternidad tuve que aceptar los límites, tenía que ser muy realista. En la medida en que tú aceptas la vida tal como viene (en mi caso, no puedo escribir), realmente amo escribir, pero también amo ser madre y ahora mismo las dos cosas son incompatibles. En la medida en que acepto eso, de repente se abre una posibilidad mínima realista, que es la que va gestando mi libro 39 semanas y media, un diario en que se relata uno de los embarazos y partos.
Hay un camino iniciático del alma en femenino.
Habla del deseo como guía del alma. Confío mucho en el deseo. Claro que un deseo puede ser muy material o materialista, puede ser oscuro. Pero también hay un deseo que puede ser muy elevado, que es el que se vincula con el anhelo espiritual, con la entrega a la unidad, con el disolverse en la unidad.
La escritura puede ser una herramienta de autoconocimiento. El diario es algo que yo recomiendo mucho a los alumnos, incluso a los que no se les da bien la expresión escrita.
En mi caso escribir tiene la doble vocación: por un lado, internarme en el proceso de autoconocimiento, autoindagación, autodescubrimiento, pero también hay una vocación que tiene que ver con el comunicar todo eso que descubro al mundo.
Llevo ya un tiempo investigando, leyendo y viendo vídeos sobre el camino de la heroína, su diferencia con el del héroe; el de la heroína sería más como un descenso y el del héroe ir a por un objetivo.
El del héroe tendría que ver con la acción, con el abrirse camino, y el de la heroína tendría que ver con la recepción, con la receptividad. Las dos habitan dentro de nosotros y tiene que haber una armonía entre ambas.
No hablamos de mujer ni de hombre, es una distinción más bien arquetípica como haría Yung entre animus y ánima. Esas dos dimensiones viven dentro de cada uno de nosotros ya seamos hombre o mujer. Necesitamos también ese otro lado.
Por mucho que se haya desarrollado el camino de acción, hay algo que solo se realiza en el no hacer nada, en el no tener que triunfar en nada, en el no deber tener éxito, sino simplemente en acoger la vida como viene, poder habitar a fondo con amor lo cotidiano.
Alcanzas una paz que no espera nada del mundo, es una paz que está bien siendo las cosas como son. Esa sensación de sentirte amado, aunque no hagas nada, simplemente en el estar, te libera de muchas cargas, te relaja. La rosa vive así. Déjame simplemente estar ahí mirando la hoguera en mi casa y disfrutando de ver cómo crepita el fuego.
La clave, cuando la actividad es frenética, es que encuentres sabor en eso, porque una actividad muy exigente sin sabor te hace perderte completamente. Se puede asumir una actividad cuando hay amor en eso que se hace, cuando es algo que tiene que ver con el sentido más profundo de tu alma.
Si uno está conectado con la raíz de su alma, entonces puede permitirse mucha actividad relacionada con eso. Si no, se convierte en un proceso de alienación, es decir, demasiada actividad desconectada de la raíz de tu alma te pierde completamente.
No hay una respuesta para un alma que valga para otra alma, porque cada cual hemos nacido con unas cualidades en una situación concreta, en un momento histórico. Hay que comprometerse con buscar exactamente cuál es la respuesta para ti.
Con mis cinco hijos me doy cuenta de hasta qué punto es cada uno diverso; los mismos padres, una situación parecida, en la misma casa, forma de educación similar y sin embargo son cinco universos totalmente diferentes. A veces pienso: si a los cinco les preguntaran cómo es tu madre o cómo es tu padre, los cinco darían una respuesta totalmente diferente. Esa aventura con ellos de intentar ayudarles a que descubran su alma es una aventura maravillosa, muy es fascinante.
Falta conciencia de lo simbólico y una idea de unidad que sostenga todo lo relativo, que pueda sostener toda la diversidad. No hay un reconocimiento fuerte de la diversidad sin un reconocimiento hondo de la unidad, porque las dos van de la mano.
En una cosmovisión materialista, pobre, cientificista como la que tenemos, no se puede tejer el alma. Necesitamos volver a tejer el alma del mundo, volver a tejer unas relaciones que sean profundas, sanas, interesantes. Volver a disfrutar del trabajo, que el trabajo no sea algo mecánico, sino que haya un trabajo lleno de alma.
Volver a tejer la belleza, que es algo de lo que muchos estamos muy separados.
A veces les digo a mis alumnos: no sé si estáis aprendiendo algo, pero yo sí. Por lo menos yo me estoy apasionando por lo que estoy dando. Que la comunicación y la educación esté lo más viva posible. Menos conocimiento vacío que no conecte la literatura y la filosofía con el sentido de la vida.
Y cerramos con una última idea de Mardía en esta charla: «En el fondo nadie o casi nadie es materialista en el mundo».

