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PARA QUÉ ESCRIBO (Mercedes García Laso)

Llevo una temporada atascada a la hora de escribir. Hablé con una amiga y no sé cómo, tras colgar, me puse al teclado. Os comparto el resultado.

Bloqueo de escritor… Aunque yo no lo sea. Y no lo soy porque no veo que me corresponda esa etiqueta. Una cosa es cantar y otra ser cantante.

Curioso cómo en ciertos aspectos, con el teclear, me pasa algo parecido que con el meditar. Me es bastante difícil pero algo en mí me empuja a perseverar. Cuando se trata encima de escribir para publicar, la cosa se agrava considerablemente.

Hoy me pregunto, ¿para qué escribir?

Mi profesión está en la consulta. Se me da bien y me gusta, aunque a veces me agobie y quisiera, casi siempre, estirar el fin de semana. Acerté en la elección de mi trabajo (tras “algunas” vueltas, eso sí) y lo siento como mi lugar y mi camino.

¿Será entonces el escribir un hobby? Pues no porque disfrute, disfrute, hay bien poco.

Y por publicidad tampoco es porque, por un lado, el costo de tiempo es muy alto; y por otro, lo que me sale publicar, ya veis que es un “poco” raro y para nada del estilo de lo que vende.

Publico creo que porque me hace bien compartir. No tanto por lo del hijo, el árbol y el libro, sino por algo así como esto que leí en una carta de Carmen Pacheco:

La frase «pasar a la historia» suele significar que tu nombre en el futuro aparezca en un libro de texto. ¿Pero qué valor tiene eso cuando ya no estás? El relato que otros hagan de tu vida no tendrá ya que ver contigo. Tu nombre se acumulará junto a los de tantos edificios, plazas y calles que ya no nos dicen nada. Porque al final lo importante no son los nombres ni los individuos: son las ideas. Y por eso cualquiera puede pasar a la historia hoy en día. De manera anónima y sin una gran ambición. Solo hay que dejar por escrito un pensamiento, algo que, por simple que sea, nos parezca útil o resuene dentro de nosotros como una gran verdad, y repetir esta acción muchas veces como si esparciéramos semillas. Quién sabe si alguien al otro lado del mundo o dentro de muchos años se cruzará con una. Quizá esa pequeña idea que nosotros plantamos germine en su interior, quizá le inspire o le ayude a crear algo grande, algo bueno, algo de lo que nosotros sigamos formando parte.

Más adelante, en el mismo texto, subrayé también esta frase: «Satisfecha de haber cumplido mi función como huésped y propagadora de un pensamiento». Mi cerebro, ya definitivamente, lo asoció con el libro de Elizabeth Gilbert «Libera tu magia», que postula al artista como canal, no como hacedor de las ideas. Me encanta ese libro.

Y ahora que lo nombro, me viene cómo defiende el proceso creativo para sentirte vivo ¡Y, jo, es verdad, y lo mismo dice el psicoanalista Winnicott y los del budismo zen!

Sentirte vivo no es necesariamente disfrutar. Si no, que se lo digan a los escaladores de cumbres heladas. Para mí sentirme viva es sentirme en conexión. Y ahora veo que escribo y publico fundamentalmente para eso, para sentirme en conexión.

 

Increíble cómo, dándole a la tecla este rato, he llegado a algo que no sabía que sabía. Me he sentado con solo una palabra: bloqueo. Las ideas han ido viniendo y me he ido dejando llevar por ellas. Desconocía cuál iba a ser la siguiente. Ahora veo la cadena: bloqueo – para qué escribir – Pacheco – Gilbert – sentirse viva – conexión.

Es, como diría la Gilbert, «Gran Magia». Pasa poco, pero cuando ocurre, el asombro estremece.

 

✨ Encuentros

Mi libro de «Libera tu magia» está casi todo subrayado. Hoy, sin buscar mucho, escojo esta:

La plegaria puede conseguir eso, las labores comunitarias también, el sexo, el ejercicio físico y casi seguro que el consumo de sustancias (aunque con resultados desastrosos), pero vivir creativamente también. Quizá esta sea la gran bendición de la creatividad: al absorber nuestra atención de forma tan completa durante un plazo de tiempo breve y mágico, nos alivia temporalmente de la horrenda carga de ser quienes somos. Lo mejor de todo es que al final de nuestra aventura creativa tenemos un souvenir, algo que hemos hecho, algo que nos recordará para siempre nuestro encuentro breve pero transformador con la inspiración.

—Elizabeth Gilbert

Mercedes García Laso

Fuente del texto