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CAFÉ DE LA MUERTE (Jon Ander)

“La muerte sigue tratándose como un tabú, como un tema prohibido o, incluso, como uno que se prefiere evitar. Pero, precisamente para superar esas barreras y normalizar a la muerte como una parte de la vida, desde hace varios años en muchos países del mundo se extiende la iniciativa del Death Café, un espacio abierto y sencillo en el que ciudadanos comunes se reúnen a hablar sobre la muerte, desde el respeto a todas las opiniones”.

Así anunciaban desde la Universidad y el Centro Lenaerts este primer Café de la muerte en Navarra.

No se trata de dar apoyo al duelo, ni es una conferencia.

Es una reunión de un número limitado de personas para hablar de la muerte y todo lo que la rodea. Un Death Café se define como una discusión grupal sobre la muerte, que no sigue una agenda ni objetivos o temas, por lo que no se debe confundir con una sesión de asesoramiento de duelo o una conferencia. Estas reuniones se caracterizan, además de por ser sin ánimo de lucro, por realizarse en espacios accesibles, respetuosos y confidenciales, por no tener intención de llevar a los asistentes a ninguna conclusión y por ofrecer bebidas y pastas para compartir en grupo mientras se habla de la muerte.

Este tipo de actividad nació en 2010 y se han celebrado ya en torno a 10.000 sesiones en 67 países del mundo. Podemos encontrar información detallada en la página oficial de Death Café.

Interesante también la reseña recogida sobre un Café de la muerte en Alicante.

El Café de la Muerte organizado en la UPNA.

Estuvo a cargo Ana Aliende, secretaria del Centro Henri Lenaerts y profesora del departamento de Sociología de la UPNA, Ana Ansa, médico y Raúl Hernández, terapeuta transpersonal y profesor de yoga y meditación Advaita Vedanta.

La entrada era libre, pero pensando solamente en 20 o 25 plazas. Efectivamente la reunión se dividió en tres grupos de unas ocho personas cada uno. Agradecemos la invitación que nos hicieron llegar y que nos permitió asistir a dos personas de nuestra web.

Durante dos horas, de cinco a siete, fuimos hablando con espontaneidad del tema propuesto. Lo primero que nos llamó la atención fue la diversidad de edades y de procedencias e incluso niveles de formación. La mayoría de las personas que acudimos éramos desconocidas entre nosotras.

Enseguida se estableció un clima de confianza y respeto, de diálogo y sobre todo de escucha, que suele ser lo más difícil.

El tema de la muerte se abre a muchos terrenos, como el testamento vital, los cuidados médicos, el tratamiento humano, personal, paliativo del enfermo, la dignidad en el proceso, las ceremonias de despedida y homenaje, etc.

Curiosamente hablar de la muerte condujo, al menos en el grupo en el que participamos, a hablar de la vida: si la vida tiene sentido en sí misma, si son necesarias creencias o teorías sobre una posible transcendencia… Los planteamientos religiosos fueron escasamente representados. Más presentes estuvieron planteamientos de espiritualidad referidos a temas como la consciencia y la forma que de la misma representamos. ¿Somos algo más que cuerpo, mente y deseo?

La vivencia en procesos de muerte de personas allegadas junto con la terrible presencia de la muerte injusta, tan extendida en nuestra sociedad, estuvieron bien presentes en la reunión.

Salimos del encuentro con buen sabor. Por lo curioso de la iniciativa, por lo que supone que personas desconocidas seamos capaces de dialogar sobre un tema tan delicado y también por la luz e impulso que la muerte da a nuestra vida personal. Y por el ambiente de gratuidad, no solamente porque la asistencia era libre y además nos invitaron al café, sino porque no se buscaba ningún objetivo ni se trataba de reunir opiniones, ni mucho menos de hacer un informe o un comunicado. Gratis y gratuito.

Anuncian que seguirán el año que viene haciendo convocatorias. Nos alegramos. Alguien puede aducir que son acciones muy pequeñas, que poca influencia pueden tener en nuestra sociedad tan manejada. Pero ahí somos especialistas. Especialistas en hacer cosas pequeñas: somos más de semillas que de grandes planes y políticas.

En el saludo de nuestra web recogemos la frase de Galiano: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”.

En esas andamos. Y no olvidamos que las semillas crecen solas.

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