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ENCUENTRO DE GRUPOS DE PROFUNDIDAD HUMANA (Alberto Lafarga)

Otro año más, el sábado 16 de octubre, hemos tenido la oportunidad de disfrutar de un encuentro de personas movidas por la ilusión de compartir las historias que vivimos en nuestros grupos de espiritualidad. Año tras año se ha ido consolidando este encuentro anual, diseñado para facilitar el conocimiento entre los grupos, pero que se ha ido convirtiendo en una experiencia colectiva de comunicación y conexión desde la profundidad humana que somos. Vaya, que quienes asistimos hemos salido, también este último sábado, llenos de ese entusiasmo que se produce cuando sientes que estás viviendo una experiencia intensa, sin saber muy bien cómo se ha ido creando.

El cariño con que un grupito de personas ha preparado este encuentro tiene mucho que ver con el resultado, no cabe duda. Desde la acogida en la que compartimos nuestras expectativas y el silencio inicial invitándonos a conectar desde la profundidad de lo que somos, fuimos construyendo ese espacio en el que compartimos historias y vivencias de nuestros grupos a lo largo de este último curso, que para eso hemos planificado este encuentro, pero no sólo. Además, abrimos un espacio a la solidaridad y otro a compartir nuestros procesos vitales personales.

Somos 5 grupos en este momento, algo más de 50 personas en total. Tres de los grupos nos reunimos presencialmente y los otros dos a través de las pantallas, encuentros online. No tenemos un programa en común. Hay mucha riqueza en la diversidad y también bonitas coincidencias casuales en temas o enfoques. Parece que se hace un poco patente que cuando caminas hacia el fondo de lo que somos nos encontramos más fácilmente. Sorprende gratamente la intensidad de las relaciones que se van creando incluso en los grupos online, entre personas de distintos países y continentes.

De las experiencias compartidas desde los grupos puedo recordar aquí algunas. Aunque cada grupo elige un tema sobre el que profundizar cada mes, éstos no dejan de ser más que el instrumento para facilitar la comunicación y el acompañamiento que de ahí se deriva. Esa comunicación no es tanto de ideas u opiniones, sino de experiencias vitales profundas y es desde allí desde donde surge esa experiencia de sentirnos tan cerca, “más que hermanos” nos decía una persona del grupo. Temas como la consciencia, la soledad, la diversidad que somos, el amor, la coherencia personal, la vulnerabilidad, el silencio, los momentos mágicos de la vida, la belleza, la verdad… son algunos de los que nos han ayudado en este proceso.

Cada uno de estos temas es preparado con más o menos intensidad en cada grupo, algunos de una manera muy estructurada, otros menos; eso sí, siempre con cariño. Surge una reflexión abierta en cuanto a si ponemos el acento en las aportaciones que las personas sabias nos hacen en charlas, vídeos, libros… o bebemos mejor de lo que surge de nuestros corazones. La práctica nos muestra que no son incompatibles y cada cual puede elegir el modo en el que prepararse y profundizar en los temas. Eso sí, es común el preparar siempre algunas preguntas que nos ayuden a compartir.

Seguimos el encuentro de hoy con tiempo para el café y es allí donde seguimos compartiendo los ecos de lo que estamos viviendo… Y es que siempre quedan cosas en el tintero y con un café en la mano parece que la conversación fluye mejor.

Tras el café nos gusta mirar más allá de nosotros y de nosotras mismas y solidarizarnos con esas personas que están sufriendo las atrocidades de las guerras. Nos acercamos a Sudán, que está viviendo las salvajadas de un grupo paramilitar islamista sin apenas repercusión mediática, y a Yemen, otra gran guerra totalmente descontrolada y que tampoco tiene mucha repercusión internacional. Desde la escucha de los dos testimonios y el silencio respetuoso y la música, acogemos el dolor y el sufrimiento de estas personas olvidadas.

Así llegamos a la segunda parte del encuentro, un espacio para compartir lo que ahora estamos viviendo, el camino espiritual de cada cual. Para ello utilizamos un texto que habla de sembrar en el desierto a la espera de la lluvia. Y van surgiendo las aportaciones, desde quien siembra consciente a quien siembra inconscientemente cada día… sin esperar resultados y también sufriendo porque no llegan o no somos capaces de verlos… Y es que nos gusta controlar los tiempos, los resultados, y sin embargo la Vida tiene sus propios planes. A veces nos encontramos tan ocupados y ocupadas sembrando que no apreciamos la vida que trascurre a nuestro lado… El tiempo lo percibimos como un bien escaso a administrar, sin pararnos a distinguir la calidad de los tiempos vividos con profundidad.

Para terminar qué mejor broche que imaginar un mundo en paz de la mano de Jhon Lennon.

“Imagine” es una de las canciones más conocidas de la historia y se ha convertido en un símbolo de paz, libertad y unión entre las personas. A principios de los años setenta, el mundo estaba marcado por conflictos políticos y sociales, especialmente por la Guerra de Vietnam, además de las tensiones de la Guerra Fría. En este contexto, Lennon quiso transmitir un mensaje de esperanza e imaginar un mundo sin guerras, sin fronteras que separasen a los pueblos, sin desigualdades y sin conflictos provocados por las diferencias religiosas o la ambición material. Te invitamos a escucharla de nuevo y dejarte llenar por este sueño de paz que seguro compartimos. Tal vez así puedas acercarte un poco a los sentimientos de paz y unidad profunda que hemos compartido en este encuentro.

John Lennon: Imagine

Alberto Lafarga

 

Espiritualidad Pamplona-Iruña
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