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LA RIQUEZA OCULTA DEL SILENCIO

“El que lo probó, lo sabe” (Rumi)

El silencio no puede ser pensado, mucho menos hablado; ha de ser vivido. Por eso Enrique dice que la mejor conferencia sobre el silencio sería no decir nada. Así anuncia su charla como apuntes sobre el silencio, ofrecidos por si en alguien se suscitaran ecos que le llevasen al silencio.

A Enrique le hemos oído en muchas ocasiones. Sabíamos que estaba preparando con esmero esta conferencia. Como siempre, trenza como nadie la psicología con la espiritualidad. Pero además hoy nos ha dejado ver su experiencia personal, sus vivencias no solamente del silencio, del dolor, de las crisis, sino también de su propia evolución biográfica. Esto ha sido nuevo. Nos ha mostrado a un Enrique que “vive lo que puede” y que se ve a sí mismo como aprendiz más que como maestro, en contraste con el abultado número de seguidoras y seguidores que tiene.  Sin duda que ejerce una atracción sobre quienes leen sus libros o siguen sus conferencias en internet o acuden a retiros, semanas o foros.  Pero en ningún momento quiere ser maestro de nadie y llama continuamente a dejarse guiar por el maestro interior. Por eso es cercano, accesible. También en las distancias cortas: no juzga, respeta y escucha.

Seguramente por todo ello y por más disfrutamos, a tope de público, de una charla muy clara, ordenada y acompañada de imágenes y esquemas que facillitaron su seguimiento.

El silencio se nos manifiesta como algo que nos constituye. Somos silencio.

Silencio es un concepto intercambiable con otros como Consciencia, Plenitud, Ser, Dios…

Ahí radica su importancia, su carácter decisivo.

Por eso cuando descubrimos el silencio descansamos, nos sentimos acogidas, acogidos.

El silencio es un estado de ser.

Es el tesoro escondido, la perla negra de la noche, nuestra casa.

No hay nada más comprometido que el silencio.

Quien ha gustado el silencio se abre a una vida distinta, se abre a la Vida misma.

Así durante hora y cuarto. A veces tratamos de encontrar el “minuto de oro” de la charla, como se buscan en el periodismo los titulares. En esta ocasión fueron minutos de oro la casi media hora de diálogo que siguió a la conferencia. Se palpaba un ambiente vibrante, de gente compartiendo la vida, el camino espiritual, el silencio. Un público, con una media de edad inferior a la habitual, que vive con intensidad este tema. Iñaki, María, Isidoro, Eva, Vicente etc., personas que no conocemos pero que Enrique siempre busca identificar por su nombre, hicieron preguntas inteligentes, sentidas y nos dejaron entrever su experiencia. Y las respuestas estuvieron muy a la altura de las preguntas.  Sin duda los momentos mejores.

Todas las preguntas fueron especiales. Pero cuando Iñaki le preguntó directamente: después de todo lo dicho, ¿tú crees en Dios? Por lo inesperado, en ese momento pensamos: a ver cómo sale Enrique de ésta. Con mucha agilidad contestó que no. Impacto general. Dijo que no cree en Dios porque no necesita creer en algo que ve directamente. “Lo veo en ti, Iñaki”, añadió.

Luego nos explicó que Dios, como el Silencio, al fin son dos conceptos. Y de ellos no podemos decir nada coherente.

El Dios pensado siempre es un ídolo, porque el Dios verdadero no puede ser pensado.

El Silencio tampoco puede ser pensado. Solamente vivido.

El Silencio es como el vino. Podemos hablar mucho sobre él, pero para gustarlo, y mucho más para emborracharse, hay que beberlo.

Salimos un poco “piripis” de la conferencia, alegres con nuestro tesoro, con la decisión de vivirlo y mimarlo. Y agradecidos a este hombre, Enrique, que solamente quiere ser alguien que siempre dice sí.

Con esta conferencia se acabó el ciclo de “Ámbitos de la espiritualidad” en el que modestamente hemos colaborado. Cinco charlas, un concierto y una película. Desde el grupo femenino DeMusica Ensemble que nos mostró la riqueza de la música espiritual medieval, pasando por la visión de un Dersu Uzala espectacular, hasta todo lo que nos han contado Joxe, Margarita, Yayo, Maricarmen y Enrique.

Gracias a todas ellas y ellos y a la Biblioteca de Navarra, con Jesús Arana a la cabeza, que han hecho posible esta experiencia que ha sido un lujazo para Pamplona y para quienes buscamos un camino espiritual emergente y laico.

¿Y el año que viene?  A lo mejor repetimos. El Silencio dirá.

Vídeo de la conferencia. Pinchar aquí.