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EL PERDÓN

I Congreso YOSOY. Monzón 1 y 2 de febrero

Los pasados días 1 y 2 de febrero acudimos a Monzón (Huesca), invitados por la organización, a grabar el I Congreso YOSOY que hacía su puesta de largo abordando el tema del perdón como vehículo para alcanzar la felicidad. Con el respaldo del Ayuntamiento, a través de la concejalía de Servicios Sociales y Salud, el comité organizador coordinado por la psicóloga Raquel García ha superado con creces el reto que suponía desarrollar un congreso de este estilo en una ciudad de unos 18.000 habitantes. Hacia ella y todo su equipo no nos queda más que el agradecimiento por su invitación y por la acogida tan entrañable que nos hicieron.

Durante estos dos días hemos convivido con las 4 personas que intervinieron en el congreso. A Fidel Delgado y Enrique Martínez Lozano ya los conocíamos de anteriores congresos; qué vamos a decir de ellos que no sepáis. La novedad ha sido poder conocer de cerca a Jenny Moix y Daniel Fernández, unas personas entrañables y maravillosas. La verdad es que ha sido todo un regalo poder compartir con las cuatro, más allá de las ponencias, esos otros momentos que te posibilita la convivencia durante dos días.

A diferencia de otros congresos en los que hemos estado, éste nos ha llegado de una manera especial. Si ya el tema en sí es profundo y vital, el enfoque que le han dado ha posibilitado que quienes hemos participado lo hayamos vivido de una manera más experiencial. El viernes a la tarde pudimos sumergirnos en la vivencia profunda a través de la obra de teatro “La mirada del otro”, que narra el proceso de encuentro entre un miembro de ETA y la hija de la víctima a quien mató. Y el sábado nos volvimos a sumergir en la trágica vivencia de Daniel quien, tras sufrir a los 18 años la amputación de una pierna y graves lesiones a consecuencia de un accidente de tráfico provocado por un conductor ebrio, hizo también todo un proceso de perdonar al causante de su tragedia.

En ambos casos pudimos constatar las dificultades de perdonar y de pedir perdón; en el primer caso fue el victimario quien dio el primer paso para pedir perdón, mientras que en el segundo fue la víctima quien inició el camino de perdonar. Ambos movidos por necesidades profundas de salir de la situación en la que estaban encerrados desde hacía años y ambos sin saber cuál sería la respuesta que recibirían. Lo que pudimos constatar es que las cuatro personas afectadas se liberaron de una situación que les tenía atenazadas sus vidas: unas de la tremenda carga de la culpa y otras del terrible peso del odio y la venganza. A partir del encuentro con la otra persona y de la reconciliación experimentada, en el caso de Daniel con un largo, profundo y emotivo abrazo, sus vidas volvieron a cobrar sentido y se les abrió la posibilidad de una vida más plena y más humana.

Jenny Moix tituló la conferencia del sábado por la mañana “Lo único que falta en tu vida eres tú”. De una manera sencilla, desenfadada y gráfica nos explicó cómo funciona la mente; nos habló del “mono travieso”, esa parte del yo que juzga las emociones, aviva los sentimientos de culpabilidad, entra y sale en nuestra mente sembrando pensamientos de angustia, ira o miedo (“salta de rama en rama”) y, en definitiva, no deja a la persona ser feliz. Nos dijo que no podemos impedir que el mono entre, pero sí conseguir apartarlo con rapidez. Ahí entra el “yo observador”, el que acepta la naturaleza humana con humildad y opta por pasar página. De lo contrario, no perdonaríamos nunca. También nos dijo que, en general, perdonamos el pasado para afrontar el futuro, como un mecanismo de liberación.

Estela Ortas Parra, una joven ingeniera de Monzón, nos mostró una aplicación de móvil que ha creado con el nombre de “Happ! Tu entrenador de felicidad”. Cuando menos no deja de ser curioso e interesante este intento de adaptar a las nuevas tecnologías esta búsqueda de la felicidad.

Fidel Delgado, con su humor característico, profundizó en el significado del YO SOY que da nombre al Congreso y que significa plenitud y vida ilimitada, frente al “poco yo” al que solemos reducirnos por identificación con nuestra mente. Nos insistió en la importancia de dormir bien, ese momento en el que el “personaje” que creemos ser deja de existir mientras, simplemente, somos. A diferencia de otras ocasiones, adoptó un tono más serio en varios momentos de su intervención, especialmente cuando hizo referencia a la obra de teatro de la tarde y nos escenificaba cómo nos podemos venir abajo y acabar creyendo que la culpa de todo viene de fuera y que no podemos salir de esa situación. Con su habitual maestría nos animó a salir de esa creencia y a atrevernos a experimentarnos como el YO SOY, que es lo que realmente somos.

Daniel Fernández compartió su experiencia de manera sencilla y franca. Mediante el video “Mil sonrisas y un perdón”, en el que narra todo su proceso, nos transmitió cómo ha vivido esos diez años desde que sufrió el accidente hasta que se decidió a perdonar al causante del mismo. Nos dijo que los pilares que le permitieron hacer ese recorrido fueron la familia, la voluntad y la sonrisa. El pilar de la sonrisa lo pudimos comprobar, sobre todo, fuera del congreso; Daniel es pura vitalidad, puras ganas de vivir. Desde que dio ese abrazo restaurador con quien le había arruinado su juventud es como si se hubiera dado otra oportunidad de vivir. Todo un regalo para quienes lo hemos conocido.

Enrique Martínez Lozano tituló su exposición “De la inocencia a la culpa, de la culpa a la confianza”. Con su habitual precisión y claridad conceptual nos ayudó a entender los mecanismos por los que se produce la culpa y cómo no se trata, finalmente, más que de unacreencia errónea que se supera mediante la comprensión. Nos ayudó a entender los dos niveles en los que nos movemos, el psicológico y el espiritual, en los que las dinámicas son diferenciadas, aunque ambos forman parte de una única realidad y son complementarios. Desde ahí coincidió en una frase con Jenni Moix que podía resultar un tanto fuerte o chocante: “en el fondo, no hay nada que perdonar”. En el plano psicológico claro que hay que perdonar y liberarse de todo sentimiento de culpa; es en el plano espiritual, en ese YO SOY en el que somos plenitud y por tanto somos lo mismo, donde no hay nada que perdonar porque no nos pueden hacer daño ya que, al ser plenitud, siempre estamos a salvo.

Como suele ser habitual, también en esta ocasión hubo al final una mesa redonda para dialogar con las personas que asistieron al congreso, sólo que en esta ocasión Fidel Delgado no pudo estar porque tuvo que irse a otro compromiso. Un rico momento de comunicación y de experiencias donde se palpaba una complicidad compartida y un anhelo por vivir desde lo profundo de la vida.

Para acabar, una de las organizadoras nos dio una sorpresa con una simpática melodía rapera que hizo que saliéramos del encuentro con una sonrisa de oreja a oreja.

Tal y como dijeron en la inauguración, este Congreso no ha sido más que el comienzo de una nueva andadura en Monzón, que tendrá continuidad el próximo año y al que auguramos mucho éxito.

Ha sido una experiencia profunda, rica y muy vivencial. Por nuestra parte no podemos más que darles las gracias y esperar a que nos inviten el año que viene.

 

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