Entrevista del 29 de mayo de 2026 de María Olid, del canal El Despertar, a Teresa Guardans sobre su libro dedicado a la filósofa francesa Geneviève Lanfranchi (1912-1988), una autora muy poco conocida que dedicó su vida a explorar la dimensión profunda de la existencia humana.
Adjuntamos ideas destacadas por nuestro equipo y esquema facilitado por IA.
DESTACAMOS:
El libro presenta a la filósofa como una pionera de una espiritualidad no dependiente de creencias religiosas concretas. Nace en un entorno creyente, en su infancia tiene experiencias de gratuidad y en su adolescencia se cuestiona las ideas de su tiempo. Pasa por crisis profundas de las creencias religiosas, pero no por ello abandonando la búsqueda de algo verdadero.
Sigue una exploración de la profundidad humana basada en la experiencia directa, la atención, la confianza y el trabajo interior. Su mensaje fundamental es que cualquier persona puede recorrer ese camino sin abandonar la vida ordinaria tal y como ella lo hizo.
Es contemporánea a Antonio Blay, María Zambrano, Abraham Maslow, Carl Rogers, todas y todos ellos buscadores que intentan explorar qué es el ser humano más allá del yo.
Lanfranchi, a la experiencia honda, le llama vivencia poética; María Zambrano también une filosofía y poesía.
Su primer “eureka” lo encuentra en Spinoza, con su identificación entre Dios y Naturaleza. Se da cuenta de que puede utilizar la palabra Dios como un símbolo.
Su siguiente paso lo hace con Henri Bergson, que habla de niveles de conciencia. Sensibilidad profunda que es un conocer no racional.
La tercera pata es un libro sobre San Juan de la Cruz, de Jean Baruzi, donde se da cuenta de que hay unas pautas de cómo ir haciendo el camino sin la componente religiosa.
La filosofía es su hobby, pero ella es profesora de niñas. En una excedencia de varios años por un accidente, se dedica al estudio de sus estados de conciencia (ego, interioridad, realización cualitativa profunda). Realiza su tesis y tras ello se dedica ya a dar clases de filosofía, pero nunca finaliza su búsqueda.
Hasta no superar los niveles de la egocentración no estamos siendo realmente humanos.
Su objetivo es presentar lo que va encontrado a quienes le rodean sin invadirles. Que la gente pueda vivir su hondura. Siente que todo el mundo puede llegar a esa interioridad, pero en ese momento la entendía poca gente.
Es en la vida cotidiana donde tengo la posibilidad de la comprensión. Es un proceso que hay que trabajar con paciencia. Nadie te regalará la manera de hacerlo.
Suelto, quiero vivir, dejo de quejarme. Despojarse del papel de víctima y explorar la vida de verdad. Presencia honda en todo, que no se puede conceptualizar ya que es más una vivencia que un pensamiento.
Su búsqueda se hizo en soledad; hoy en día, aunque el camino no lo puede hacer nadie por nosotros o por nosotras, sí podemos complementarnos con grupos, textos, información.
Su tesis central es que el ser humano posee posibilidades mucho más amplias que las necesarias para la mera supervivencia o para el funcionamiento del ego. Habla de niveles de interioridad y de una «auscultación cualitativa profunda» que constituyen la auténtica plenitud humana. Hacia ella se dirige con una escucha atenta de la propia experiencia interior que permite reconocer dimensiones más hondas del ser, más allá de pensamientos, emociones pasajeras o preocupaciones egocéntricas. No es narcisismo, ya que no pretende quedarse ahí.
Con los años su objetivo se centra en recursos concretos que nos guiarán. Propone dos grandes vías de trabajo. Por un lado, la observación y el autoconocimiento interior, reconocer y cultivar. Pero sin olvidar, por otro lado, la proyección exterior, el experimentar la pertenencia a un espacio, a una realidad, a la totalidad de la vida. Notar que tu vida no tiene un límite, la comunión con todo.
Recomienda escribir cada día, concretar algunas acciones a hacer, cultivar el nivel de alegría hondo, dar valor a lo que somos, comprender el mundo del deseo, ponerse al servicio de la vida en toda su amplitud.
Quienes la conocieron destacan su forma de escuchar, que te hacía sentir acogida. Era una presencia totalmente presente que te trasmitía que eras en ese momento el centro. Se abría, recibía y se quitaba de en medio.
Insiste en que la transformación no ocurre fuera de la vida cotidiana. Llega a descubrir que las circunstancias ordinarias dejan de ser un obstáculo y se convierten en el lugar mismo de la realización espiritual.
Vive con las preguntas, que te acompañen; actitud de cuestionamiento, de estar en apertura a lo que vaya surgiendo. No dar las cosas por hechas, por comprendidas, por sabidas. Mantenerse en esa actitud de búsqueda, sin pretender, sin forzar. Autenticidad y confianza para dejarse ir.
Para ella el camino espiritual no consiste en alcanzar una meta definitiva, sino en una búsqueda permanente marcada por la autenticidad, la confianza y la atención.
“Quería alcanzar la máxima lucidez, pero lo que más deseo es poder mantener mi alma en el seno del misterio, beber de la fuente del Ser”.
“Qué simple y qué poderoso es todo”.
“Nada ha cambiado, pero para mí todo se ha transfigurado”.
Lanfranchi fue muy libre. Meditar no es simplemente estar sentado o sentada con las piernas cruzadas; si te gusta andar anda … cada una y cada uno que encuentre su camino.
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